<?xml version='1.0' encoding='UTF-8'?><?xml-stylesheet href="http://www.blogger.com/styles/atom.css" type="text/css"?><feed xmlns='http://www.w3.org/2005/Atom' xmlns:openSearch='http://a9.com/-/spec/opensearchrss/1.0/' xmlns:georss='http://www.georss.org/georss' xmlns:gd='http://schemas.google.com/g/2005' xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'><id>tag:blogger.com,1999:blog-14664654</id><updated>2011-04-21T15:48:38.017-03:00</updated><title type='text'>la vida es ahora</title><subtitle type='html'></subtitle><link rel='http://schemas.google.com/g/2005#feed' type='application/atom+xml' href='http://gastonmunozbriones.blogspot.com/feeds/posts/default'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/14664654/posts/default?max-results=100'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://gastonmunozbriones.blogspot.com/'/><link rel='hub' href='http://pubsubhubbub.appspot.com/'/><author><name>Gastón Muñoz Briones</name><uri>http://www.blogger.com/profile/10215275193324262238</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='24' height='32' src='http://photos1.blogger.com/blogger/5315/1334/320/P10100032.JPG'/></author><generator version='7.00' uri='http://www.blogger.com'>Blogger</generator><openSearch:totalResults>20</openSearch:totalResults><openSearch:startIndex>1</openSearch:startIndex><openSearch:itemsPerPage>100</openSearch:itemsPerPage><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-14664654.post-114796114172119185</id><published>2006-05-18T10:01:00.000-04:00</published><updated>2006-05-18T10:05:41.736-04:00</updated><title type='text'>La Ducha</title><content type='html'>La ducha&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Era un día de primavera. El sol, aún tenue, entregaba un calor suave, se escuchaba el rumor de la ciudad y las personas iban alegres por las calles. El mundo parecía vibrar en esos rostros hermosos. Juan Carlos y Soledad caminaban de la mano por la playa. Después de muchos  insomnios y dudas, de preguntarse si era o no correcto, habían tomado el avión hasta Brasil para vivir esas vacaciones tantas veces postergadas. El destino les había puesto muchos obstáculos, pero esa tarde sentían una tranquilidad que acompañaba sus cuerpos y sus almas.&lt;br /&gt;Estaban felices. &lt;br /&gt;Ella había luchado desde niña. Muy joven se había hecho cargo de su hogar luego de que su padre había partido tras una mujer. Desde entonces, el amor le había sido esquivo. Tenía poco más de 45 años, y un día cualquiera había conocido al loco cuerdo que la acompañaba.&lt;br /&gt;El hombre, algunos años mayor que ella, iba cargado de ilusiones y cicatrices. Se conocieron por azar y ahora estaban allí, paseando, como viejos amantes. Poco rato antes habían comido camarones al ajillo, los habían saboreado uno a uno. Se miraban con placer, se daban los trozos de carne roja en la boca y él se deleitaba cuando ella, con sus labios carnosos, los apretaba. En ese momento sus ojos eran dos perlas juguetonas. Después, ella chupaba sus dedos para limpiarlos de la salsa de ajo. La miraba cómo levantaba la copa de champaña. Todo era excitante: verla comer o beber, o mirar sus pechos que asomaban por la blusa blanca.&lt;br /&gt;Estaban cansados. Ya en el hotel, se tendieron y decidieron tomar una ducha que los repusiera de la caminata. Ella se desprendió de la blusa y apareció su piel morena; él, recostado, observó cómo sus pechos se liberaban con la caída del sostén. Diestramente, sus manos descendieron por sus piernas hasta deslizar el pequeño calzón que la incomodaba. Quedó completamente desnuda para el deleite de los ojos embobados de Juan Carlos.&lt;br /&gt;Ella caminó hacia el cuarto de baño. Su paso cadencioso, mostraba dos glúteos cimbreantes, sus piernas se desplazaban en una lenta danza. Sabía que la observaba, pero no se detuvo. De pronto, él escuchó el ruido del agua y ese instante fue un llamado rotundo. Se desnudó y partió tras su amada. La ducha estaba tras unos cristales, se observaba un pequeño vapor, pero alcanzó a distinguir el cuerpo que lo aguardaba. Llegó como pateando puertas y la abrazó por la espalda con energía; el chorro de agua tibia pasaba de un cuerpo a otro. Sus labios se buscaron, se mordieron y sus lenguas jugaron dentro de sus bocas ardientes. Él tomó el jabón y la espuma con olor a manzanas los invadió. Juan Carlos empezó a recorrer los  pechos de Soledad hasta que sus pezones se levantaron como lanzas; sus manos siguieron por su vientre hasta encontrar el vello de su sexo. Lo acarició delicadamente, ella echó su cabeza  hacia atrás y el agua bajó por su cuerpo. Las manos del hombre llegaron a su clítoris mientras sus labios atrapaban sus pezones.&lt;br /&gt;El agua seguía mojándolos. Él comenzó a descender con sus labios por el vientre suave; las manos de ella buscaban detenerlo desesperadamente, pero no había vuelta atrás, sus labios ya estaban en el centro del amor. Ella se movía encabritada, con un placer que la sobrepasaba. Apoyada en la pared, lo acariciaba con furor. Soledad no pudo resistir, lo tomó por los hombros y buscó su sexo. Lo acarició con su boca y lo atrapó con sus labios. Comenzaron a jugar. Él lanzó unos gemidos que fueron un estímulo para que ella lo abrazara con más fuerza. Él ya no podía resistir. Agitado, la levantó, la besó y nuevamente buscó su sexo. Los quejidos de la mujer fueron adquiriendo un sonido especial hasta que gritó con una fuerza que no le conocía.&lt;br /&gt;Juan Carlos se secó suavemente con las toallas blancas, caminó hacia la cama y se tendió de espalda, con el corazón inquieto de placer. Se sentía bien, sus dolores pasados estaban sanos; sus penas, superadas; había conocido el amor verdadero y entonces, con una sonrisa, con la felicidad contenida, su corazón se detuvo para siempre.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/14664654-114796114172119185?l=gastonmunozbriones.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://gastonmunozbriones.blogspot.com/feeds/114796114172119185/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=14664654&amp;postID=114796114172119185&amp;isPopup=true' title='0 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/14664654/posts/default/114796114172119185'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/14664654/posts/default/114796114172119185'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://gastonmunozbriones.blogspot.com/2006/05/la-ducha.html' title='La Ducha'/><author><name>Gastón Muñoz Briones</name><uri>http://www.blogger.com/profile/10215275193324262238</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='24' height='32' src='http://photos1.blogger.com/blogger/5315/1334/320/P10100032.JPG'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-14664654.post-112742398714754490</id><published>2005-09-27T17:16:00.000-04:00</published><updated>2005-09-26T16:25:37.323-04:00</updated><title type='text'>El Barrio de la Boca</title><content type='html'>&lt;a href="http://photos1.blogger.com/blogger/5315/1334/1600/Imagen%200163.jpg"&gt;&lt;img style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; CURSOR: hand" alt="" src="http://photos1.blogger.com/blogger/5315/1334/320/Imagen%200163.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;DONDE LLORA UN BANDONEÓN&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El aire venido del riachuelo golpea el rostro del visitante. Riachuelo glorioso de otros tiempos, donde hombres y mujeres cargados de esperanzas, llegaron a buscar un nuevo destino. Quedaron lejos las tierras de Europa, traían sueños que fueron acunando sobre las olas de los barcos. Venían soñando casi al fin del mundo.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Las calles de adoquines reciben los pasos de turistas que buscan comprender el sentir amargo de las melodías del arrabal. Quien visita Buenos Aires debe recorrer Caminito, una pequeña callejuela del barrio de La Boca, donde se han reconstruido los viejos conventillos; donde el malévo lloró su suerte, su amor desesperado. Casas llenas de colores, laberintos de arco iris, que llenan de vida las casas con paredes de latas y balcones voyeristas.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;En ese rincón, una leyenda. El tango que cobró vida en la voz de Juan de Dios Filiberto: “Caminito que el tiempo ha borrado, que juntos un día nos viste pasar, he venido por última vez, he venido a contarte mi mal”. Y como devoto peregrino, el tango resuena en la primera plazoleta que preside el callejón, donde &lt;a style="mso-comment-reference: EGO_1"&gt;el tango&lt;/a&gt; se hace presente como una ceremonia, como un ritual. Por el aire surgen las notas de un tango arrabalero y un morocho con su pebeta, en una danza embrujante, giran y giran, en un juego donde ella con sus medias caladas y una abertura en la pollera muestra sus muslos generosos. Los bailarines dan cuerpo y vida a esa pasión cadenciosa, donde él con su sombrero negro apoyado sobre su ojo derecho parece ser el dueño de un amor profundo.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Caminito te atrapa, es mágico. Está lleno de energía, tal vez por los aires que respiran la nostalgia de días pasados. Son los versos de una comparsita que aún resuena. “Si supieras que aún dentro de mi alma conservo aquel cariño que tuve para ti…! ¡Quién sabe, si supieras que nunca te he olvidado…! Volviendo a tu pasado te acordarás de mí…”. Y las callejuelas de adoquines te recuerdan ese pasado que hoy está lleno de pintores que inmortalizan el tango y de conventillos coloridos que se presentan llenos de historias. Historias de un arrabal perdido en el tiempo.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Caminito tiene sus visitantes cotidianos venidos de distintos rincones. Buscan allí conocer un poco de ese Buenos Aires cosmopolita; las calles están repletas de curiosos que se detienen frente a una guitarra y un bandoneón que va lanzando sus notas al aire, como un lamento o como un deseo. “El día que me quieras, la rosa que engalana se vestirá de fiesta con su mejor color, al viento las campanas dirán que ya eres mía y locas las campanas se contarán tu amor...”. Somos tocados por nuestros propios recuerdos. Algo nos llega. Tal vez nuestros propios deseos de ese día en que nos quieran.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Desde las ventanas de los conventillos se asoman enormes muñecos que nos miran. Son hombres y mujeres que observan nuestros pasos; son testigos silenciosos de nuestro caminar entusiasmado. Esos laberintos están llenos de artesanía, de recuerdos que recordaremos cuando estemos lejos de ese rincón querido y lo podamos evocar con un canto. “Volver con la frente marchita, las nieves del tiempo platearon mi sien…Sentir que es un soplo la vida, que veinte años no es nada, que febril la mirada errante en la sobra te busca y te nombra...”. “Volver” resonará en nuestras vidas pensando en volver.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;La Boca es un barrio especial. Su época de gloria, sus descamisados y sus arrabales que fueron destruidos por el progreso. Los barcos cambiaron de destino, cambió también la suerte, terminó el esplendor de esos días, pero allí está su gente para mantener Caminito, para darle vida, fuerza y una música que sana las heridas. Un lugar donde podemos soñar en ese mundo donde alguna vez se vivió con pasión.&lt;br /&gt;&lt;a name="_msocom_1"&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/14664654-112742398714754490?l=gastonmunozbriones.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://gastonmunozbriones.blogspot.com/feeds/112742398714754490/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=14664654&amp;postID=112742398714754490&amp;isPopup=true' title='2 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/14664654/posts/default/112742398714754490'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/14664654/posts/default/112742398714754490'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://gastonmunozbriones.blogspot.com/2005/09/el-barrio-de-la-boca.html' title='El Barrio de la Boca'/><author><name>Gastón Muñoz Briones</name><uri>http://www.blogger.com/profile/10215275193324262238</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='24' height='32' src='http://photos1.blogger.com/blogger/5315/1334/320/P10100032.JPG'/></author><thr:total>2</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-14664654.post-112689008172236542</id><published>2005-09-16T12:56:00.000-04:00</published><updated>2005-09-16T13:45:54.640-04:00</updated><title type='text'>El agua purifica</title><content type='html'>&lt;a href="http://photos1.blogger.com/blogger/5315/1334/1600/Foto_de_Agua_2.jpg"&gt;&lt;img style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; CURSOR: hand" alt="" src="http://photos1.blogger.com/blogger/5315/1334/320/Foto_de_Agua_2.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Era una calurosa tarde de diciembre. Las calles y las tiendas estaban adornadas de luces multicolores. Se preparaba la fiesta de fin de año y la imagen de un pequeño niño en un pesebre, rodeado de animales que le daban calor, contrastaba con la fiesta del consumo. No importaba endeudarse en diez cuotas con tal de llevar a casa ese pino de plástico fabricado en China. Qué más da una deuda más si por una noche podíamos sentir que éramos felices.&lt;br /&gt;Pero Joaquín y Manuela habían decidido esa tarde huir de todo, dejar atrás los dolores y angustias de la vida cotidiana. Ella había sido herida por la traición de un hombre a quien ella le había entregado su confianza; era frágil como un cristal de Bavaria, un leve soplo de viento y podría romperse en mil pedazos, por eso el dolor de la traición le partía el alma. Pero esa tarde sería distinto. Dispuestos a sentir de nuevo, partieron a esas tierras distantes y cercanas. Había un pequeño estero que bajaba de unas montañas con agua cristalinas. Hacia calor. Era como si la primavera, por fin, quisiera quedarse entre ellos.&lt;br /&gt;Joaquín y Manuela llegaron a un recodo del estero, donde la naturaleza había construido una piscina entre las rocas. Todo era verde alrededor y unas flores silvestres de un azul intenso se movían balanceadas por la apacible brisa del lugar. Él la tomó dulcemente entre sus brazos y ella se dejó llevar por ese cariño suave que despertaba su ternura. Se besaron delicadamente, él recorrió su cuello con sus labios y sus manos torpes empezaron a soltar sus pechos de su prisión para que fueran libres. La blusa blanca saltó sobre la rama de un árbol, ella se dio a la tarea de soltar la camisa de Joaquín y sus torsos quedaron juntos en un abrazo. Él sintió el placer de sentir sus pechos endurecidos, siguieron buscándose, acariciándose; la piel de ambos se sentía con suavidad. Al desprenderle la falda que aún llevaba puesta, recorrió sus largas piernas y de pronto un hombre y una mujer se besaban desnudos en una tarde de primavera.Joaquín la invitó a entrar en el agua, ella se resistió un instante y después su pie fue posándose suavemente en el agua. Estaban reunidos en un abrazo eterno, sin querer separarse para no perder la magia de ese momento. Sin embargo, de pronto, ella se separó de él y comenzó a nadar. Estaba desnuda y el agua acariciaba su cuerpo; era una sensación especial que ella parecía disfrutar. Sus cuerpos de nuevo se buscaron y se abrazaron apasionadamente. Él recorrió su cuerpo, su sexo estaba mojado, lo acarició y ella deslizó su cabeza hacia atrás. Nuevamente sentía un placer que la invadía y la hacía perderse. Desnudos en ese abrazo eterno, el agua había purificado el alma de una pareja enamorada&lt;/strong&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/14664654-112689008172236542?l=gastonmunozbriones.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://gastonmunozbriones.blogspot.com/feeds/112689008172236542/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=14664654&amp;postID=112689008172236542&amp;isPopup=true' title='6 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/14664654/posts/default/112689008172236542'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/14664654/posts/default/112689008172236542'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://gastonmunozbriones.blogspot.com/2005/09/el-agua-purifica.html' title='El agua purifica'/><author><name>Gastón Muñoz Briones</name><uri>http://www.blogger.com/profile/10215275193324262238</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='24' height='32' src='http://photos1.blogger.com/blogger/5315/1334/320/P10100032.JPG'/></author><thr:total>6</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-14664654.post-112688975357268760</id><published>2005-09-16T12:52:00.000-04:00</published><updated>2005-09-16T12:55:53.580-04:00</updated><title type='text'>Café Express</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Era una mañana fría. Juan Pablo no sólo sentía el hielo en su piel, el frío también congelaba su espíritu. Había caído en una depresión profunda, después de que su amada, la mujer a la que le había dedicado sus últimos años, había preferido la pasión, antes que su compañía un poco más serena, quizás más aburrida. Todo parecía una noche. Nada estaba claro.&lt;br /&gt;Caminaba sin rumbo por el centro de Santiago. Chocaba con la gente que transitaba aceleradamente por el Paseo Ahumada; observaba los rostros de los cientos de santiaguinos que andaban presurosos, como si fueran a una cita con retraso. Juan Pablo caminaba lento. El dolor del alma se había transformado en un dolor físico, le pesaban los pies, le dolían las piernas, como si viniera de caminar por las altas cumbres cordilleranas. A paso lento fue acercándose hacia la Plaza de Armas. No sabía bien lo que buscaba; era un paseo sin motivaciones.&lt;br /&gt;Fue en un instante, en un segundo perdido en la inmensidad del tiempo, cuando tomó la decisión y dirigió sus pasos hacia el café Haití. Afuera había varios grupos de hombres, dúos y tríos que conversaban con vehemencia, ahí se hacían transacciones, los negocios más extraños. Esos hombres bulliciosos eran parte del paisaje de la capital. Se acercó a la cajera que llevaba un vestido de lana extremadamente corto; era un vestido muy ajustado que resaltaba las gorduras de su vientre y de su cintura que habían surgido con el transcurso de los años. La mujer trataba  de sostener una sonrisa&lt;br /&gt;-¡Un café express doble, por favor!- pidió Juan Pablo.&lt;br /&gt;Ella estiró un papel amarillo y entregó el vuelto con una risa plástica. Una risa absolutamente falsa.&lt;br /&gt;Juan Pablo miró el interior del local y recorrió las figuras que se proyectaban en los espejos. Los clientes, con sus caras libidinosas, parecían sicópatas que observaban a su próxima víctima. El mesón con forma de zigzag acogía a los parroquianos de acuerdo a las piernas que atendían; cada metro era cuidado por una pantera que paseaba segura con su rito cadencioso. Sus movimientos eran seguidos por las miradas que buscaban desnudarlas. Los ojos intentaban adivinar qué había debajo de esos pequeños vestidos que se desplazaban hacia la máquina que entregaba el brebaje estimulante y embriagador.&lt;br /&gt;En un gesto que delató su timidez, se ubicó en un rincón apartado. La joven morena, de labios gruesos y de pelo negro atrapado en pequeñas trenzas, se acercó al rincón. La mujer que parecía venida del Caribe, sonrió con sus dientes blancos.&lt;br /&gt;-¿Su café con azúcar o sacarina?&lt;br /&gt;-Con nada- respondió Juan Pablo, casi con un hilillo de voz.&lt;br /&gt;Cuando la mujer volteó hacia la máquina, la miró detenidamente y reparó en las botas negras que moldeaban sus piernas. Su mirada fue subiendo por esas piernas firmes que le mostraban un par de glúteos espectaculares. Eran casi perfectos. Ella giró, caminó hacia él y, sonriente, depositó en el mesón un vaso de soda y una taza de café.&lt;br /&gt;Juan Pablo dejó vagar sus pensamientos y esta vez buscó los ojos de la mujer que se movía como una diosa. Recordó que hacía muchos años que iba a ese café y que siempre se ubicaba en el mismo rincón a observar a la mujer que era obligada a usar vestidos cortos y ajustados, para el deleite de los cafetómanos. A pesar de las condiciones que le imponían, ella seguía trabajando con dignidad. Durante todo ese tiempo había observado cómo aparecían sus arrugas muy cerca de los ojos y cómo su finísima cintura se había deformado.&lt;br /&gt;Tomó la taza, bebió un sorbo de café y le pareció más amargo que nunca. Estaba solo,  triste y sentía miedo. Lentamente fue tragando el café y también su amargura. Miró a la mujer que se paseaba como una gacela y pensó en la otra mujer, en la que había querido con tanta ternura. No pudo soportar el recuerdo y junto al último sorbo, bebió las lágrimas que cayeron por su rostro congelado.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/14664654-112688975357268760?l=gastonmunozbriones.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://gastonmunozbriones.blogspot.com/feeds/112688975357268760/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=14664654&amp;postID=112688975357268760&amp;isPopup=true' title='2 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/14664654/posts/default/112688975357268760'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/14664654/posts/default/112688975357268760'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://gastonmunozbriones.blogspot.com/2005/09/caf-express.html' title='Café Express'/><author><name>Gastón Muñoz Briones</name><uri>http://www.blogger.com/profile/10215275193324262238</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='24' height='32' src='http://photos1.blogger.com/blogger/5315/1334/320/P10100032.JPG'/></author><thr:total>2</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-14664654.post-112601813092617030</id><published>2005-09-06T10:44:00.000-04:00</published><updated>2005-09-07T14:19:30.656-04:00</updated><title type='text'>MORIR EN PARIS</title><content type='html'>&lt;a href="http://photos1.blogger.com/blogger/5315/1334/1600/el%20beso.jpg"&gt;&lt;img style="FLOAT: right; MARGIN: 0px 0px 10px 10px; CURSOR: hand" alt="" src="http://photos1.blogger.com/blogger/5315/1334/320/el%20beso.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;br /&gt;MORIR EN PARIS&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La noche había caído sobre la ciudad. En el pequeño departamento de Matías, una luz tenue venida de la luna apenas iluminaba los muebles antiguos que venía coleccionando en sus recorridos por los mercados de la ciudad. Matías estaba en cama desde hacía tres meses. Sus amigos se turnaban para visitarlo. Le contaban chistes, casi siempre fomes, le preparaban la comida, limpiaban su casa y lo bañaban. Su sangre tenía un visitante indeseado que había ganado la batalla a los pequeños defensores de su cuerpo. Primero fue una neumonía la que lo tiró a la cama, después adelgazó exageradamente, su rostro fue secándose y las ojeras se hicieron permanentes. Matías era portador del VIH y ya no podía subir cada domingo al cerro San Cristóbal, llenar sus pulmones de oxígeno, mirar la ciudad y sentir que la vida lo esperaba allá abajo para ser feliz entre tantas miserias humanas.&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;Esa noche le habían entregado la dosis de morfina que le permitía dormir. En sus venas sentía un calor que apagaba sus dolores y que le sumía en un sopor placentero; el mundo parecía alejarse, su cama giraba y caía en un abismo. Sabía que se estabilizaría y vendría la calma final donde volaría entre nubes de un cielo eterno. La calma lo llevó por un campo verde lleno de flores coloridas, caminó sin tocar el suelo y olió el intenso aroma a lavanda. Luego caminó rumbo al estero, donde el agua se deslizaba suavemente, se sentó entre las rocas y escuchó el ruido del manantial que apaciguaba su espíritu. Sacó un cigarrillo, lo aspiró suavemente y lanzó una bocanada que se fue haciendo piruetas en el aire.&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;En ese instante ella apareció en lo alto del camino. Lentamente, como una pantera que mira su presa, empezó a bajar por la huella zigzagueante. Traía un vestido blanco, de gasa, un vestido casi transparente. Sus piernas morenas eran firmes; sus pechos pequeños y desafiantes; su cabello negro y enrulado; sus labios gruesos. La mujer se acercó con una sonrisa y no necesitaron palabras. Un abrazo fuerte, deseado, selló el acto. Sus labios se buscaron con desesperación y bebieron de sus ansias. Él recorrió su cuello, buscó sus pequeñas orejas y las mordisqueó con suavidad. Recorrieron sus cuerpos y las ropas fueron cayendo como hojas arrastradas por el viento. Ella se inclinó hacia atrás mientras él besaba su sexo húmedo.&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;Matías siempre la recordaba. Había atravesado miles de momentos siniestros en la vida, pero había tenido la capacidad para anidar sueños y esperanzas. En los momentos dulces de la morfina, soñaba con Soledad, su amor adolescente; un amor que había crecido con uniforme y bolsón de cuero; con besos robados en un banco del parque; ese amor que un día explotó en un rincón del cerro Santa Lucía. Esa mañana habían hecho la cimarra y estaban tendidos en el pasto, semi escondidos entre unos arbustos. La mano de Matías fue buscando debajo de su falda hasta encontrar sus muslos sedosos; lentamente subió hasta que se topó con el pequeño calzón. Y cuando lo franqueó se encontró con un pubis resguardado por una suave mata de pelos. Sus dedos siguieron explorando hasta dar con los labios mojados de Soledad. Ella suspiró y sus labios mordieron los labios de su amado. Tiritando, y con su cuerpo casi convulsionado, Matías avanzó hasta que sus sexos se encontraron. Soledad gimió de un dolor placentero y no sabía si reír o llorar.&lt;br /&gt;Matías despertó con esa imagen de Soledad. Le faltaba el aire, se sintió desesperado, creía que la muerte se acercaba. Tosía y tosía, la puerta se abrió y apareció su madre que le tomó la frente y le dio agua para calmarlo. Tranquilo, le susurró al oído. Se sintió aliviado, respiró y en brazos de su madre &amp;shy;-la vieja mujer que lo acompañaba en su decadencia, cómo él&lt;a href="http://photos1.blogger.com/blogger/5315/1334/1600/gaston.jpg"&gt;&lt;/a&gt; decía- volvió a sentirse seguro. Ella siempre lo asistía y cada mañana, con sus ojos llenos de tristeza, lo besaba.&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;En las noches de insomnio recorría su vida para buscar en su alma las alegrías y dolores de su vida. Había tenido una infancia hermosa; a veces lamentaba la muerte prematura de su padre, pero el cariño de su madre había suplido la ausencia. Había estudiado teatro y se había entregado con pasión a su oficio, como en cada aventura o compromiso que emprendía. Era un hombre querido y sus amigos le demostraban el cariño de múltiples formas. Nunca le había faltado nada. Pero esta noche, postrado en esa cama, le faltaba la vida. Tenía la serenidad suficiente para esperar lo que viniera; la misma calma que demuestra el samurai antes de clavarse la espada hasta el fondo de su &lt;a href="http://photos1.blogger.com/blogger/5315/1334/1600/gaston1.JPG"&gt;&lt;img style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; CURSOR: hand" alt="" src="http://photos1.blogger.com/blogger/5315/1334/200/gaston.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;vientre.&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;Aliviado por el abrazo de su madre se detuvo a repasar sus días parisinos. Becado por el Théatre du Soleil, aprendió el oficio de comediante: barrer la sala, vender boletos, preparar la comida para el público, ensayar para un montaje. Allí se hizo actor y representó a Gandhi y a Enrique VIII. En sus ratos libres, le gustaba caminar por los barrios de París, surcar los parques y lagunas de Versailles y observar a sus visitantes. Muchos de ellos eran árabes venidos de las ex colonias que paseaban su ciudadanía francesa. Navegar el Sena montado en un barquito era un placer que le costaba definir; cada vez que lo hacía quedaba anonadado mirando el agua. Como siempre, París era embriagador. Su Arco del Triunfo, la Torre Eiffel, su barrio irreverente de Pigalle, el Moulin Rouge y sus espectáculos anunciados con cientos de luces que iluminaban la noche.&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;Fue en esas calles que conoció a Mustafá, un bailarín argelino, alto, corpulento, de tez mate. A pesar de que Mustafá portaba un pasaporte francés, era un hombre sin raíces, un extraño en esas tierras. Tan extranjero como Matías. Juntos caminaban por largas horas tratando de descubrir la esencia de la vida; muchas veces fueron a la mezquita del barrio latino a tomar té o a los baños de vapor que purificaban los cuerpos de los hombres. Mustafá tenía unos enormes ojos negros; su pelo era azabache, con pequeños rulos que recogía en una diminuta cola. Sus manos eran grandes y su voz suave. A veces Matías pensaba que Mustafá era uno de aquellos moros descritos en “Las mil y una noches”.&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;Su primer rol protagónico en Francia. Qué recuerdo. Su madre estaba sentada en el sofá, frente a su cama, sin imaginar que su hijo estaba reviviendo su estreno en París. La tragedia griega una vez más, como hace miles de años, volvía a ser representada. Era “Antígona” con sus lecciones de dignidad; con su mandato universal de humanidad: todos los muertos tienen derecho a ser sepultados. En su rol, Matías era soberbio; ni el rey Creonte podía opacar su fuerza. En primera fila, Mustafá observaba con los ojos abiertos de admiración; parecía sentir el dolor y la lucha de Antígona.&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;Después de la función los amigos se fueron a celebrar. Mustafá había reservado una mesa en un pequeño bar griego del barrio latino y con una botella de vino blanco iniciaron el brindis. Por la vida, dijeron y bebieron con la felicidad que irradiaban esa noche. Comentaron las anécdotas del estreno; se rieron de la señora gorda de la primera fila que lloraba con la tragedia; valoraron la vigencia de “Antígona” y sus valores de lealtad y solidaridad. Entre un brindis y otro se miraron con una nueva complicidad.&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;Eran más de las cuatro de la mañana cuando cerraron las puertas del minúsculo bar. Pero ellos todavía tenían ganas de celebrar. Tomaron unas copas en otro bar y luego partieron al pequeño departamento que arrendaba Matías. El anfitrión fue hasta la cocina y preparó la cafetera. Sentía algo extraño, como un pequeño temblor en su cuerpo. Llenó los dos tazones y regresó a la sala. Su temblor aumentaba. Dejó los tazones sobre la mesa y se acercó a Mustafá. Ninguno dijo nada. Se abrazaron y sus labios se buscaron. Ni una palabra. Sólo hablaron sus cuerpos.&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;La morfina parecía no hacer efectos. Los dolores reaparecían como un tormento cruel que laceraba su cuerpo. Ya nada podía impedir que Matías pudiera descansar y él lo sabía. Entonces, su mente se fue lejos, cientos de kilómetros. Y envuelto en las imágenes de su vieja historia, pensó cuánto le gustaría morir en París.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/14664654-112601813092617030?l=gastonmunozbriones.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://gastonmunozbriones.blogspot.com/feeds/112601813092617030/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=14664654&amp;postID=112601813092617030&amp;isPopup=true' title='8 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/14664654/posts/default/112601813092617030'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/14664654/posts/default/112601813092617030'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://gastonmunozbriones.blogspot.com/2005/09/morir-en-paris.html' title='MORIR EN PARIS'/><author><name>Gastón Muñoz Briones</name><uri>http://www.blogger.com/profile/10215275193324262238</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='24' height='32' src='http://photos1.blogger.com/blogger/5315/1334/320/P10100032.JPG'/></author><thr:total>8</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-14664654.post-112364837752626195</id><published>2005-08-10T00:27:00.000-04:00</published><updated>2005-08-10T00:32:57.526-04:00</updated><title type='text'>foto</title><content type='html'>&lt;a href="http://photos1.blogger.com/blogger/5315/1334/1600/P10100032.JPG"&gt;&lt;img style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; CURSOR: hand" alt="" src="http://photos1.blogger.com/blogger/5315/1334/320/P10100032.JPG" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/14664654-112364837752626195?l=gastonmunozbriones.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://gastonmunozbriones.blogspot.com/feeds/112364837752626195/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=14664654&amp;postID=112364837752626195&amp;isPopup=true' title='9 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/14664654/posts/default/112364837752626195'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/14664654/posts/default/112364837752626195'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://gastonmunozbriones.blogspot.com/2005/08/foto.html' title='foto'/><author><name>Gastón Muñoz Briones</name><uri>http://www.blogger.com/profile/10215275193324262238</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='24' height='32' src='http://photos1.blogger.com/blogger/5315/1334/320/P10100032.JPG'/></author><thr:total>9</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-14664654.post-112292979714278950</id><published>2005-08-01T16:53:00.000-04:00</published><updated>2005-08-01T16:56:37.146-04:00</updated><title type='text'>lA ESPIRAL</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El día estaba luminoso, las flores adornaban el lugar y se podía respira una suave brisa de primavera. Allí, justo en un rincón, estaban frente a frente. Ella con sus ojos juguetones, su nariz respingada y un vestido de seda que delineaba sus pechos pequeños y desafiantes. Él, serio, la miraba con sus inquisidores ojos negros. Entre ambos, una pequeña mesa.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La mujer encendió un cigarro, lo llevó lentamente a la boca, lo atrapó con sus labios carnosos, aspiró el humo, estiró su boca hacia adelante y lo expulsó en un beso infinito, un acto único, sublime, que él observó con atención. Sus manos finas repetían el ritual pausadamente. Allí, en ese instante mínimo, él cayó en la locura de amar a esa mujer.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El hombre fue construyendo en su mente el cuerpo hermoso de la mujer. Desprendió los tirantes del vestido y pudo ver sus pechos que parecían dos manzanas pecadoras, con sus pezones que acarició con sus labios. Sintió que ese pequeño botón producía en ella un escalofrío placentero, que invadía su cuerpo. La besó en el cuello, mordió con dulzura su nuca, soñó que en un acto de locura la tomaba en sus brazos y corría con ella a su departamento. Ciego de pasión abría la puerta y a tirones le sacaba el vestido de seda, descubriendo la hermosura de su cuerpo color mate. La acariciaba enloquecido, la besaba con pasión y recorría los caminos extraños de su piel hasta que sus manos tocaban esos pequeños montes que dibujaban sus caderas y ella se retorcía como una hembra herida, dando pequeños grititos de placer. Con desesperación buscó hasta que sus labios encontraron entre ese bosque la fuente humedecida de su sexo y se quedó para siempre.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¡Mozo, la cuenta, por favor!, sonó potente y él abrió los ojos para recibir la caricia de esos rayos de sol primaverales. &lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/14664654-112292979714278950?l=gastonmunozbriones.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://gastonmunozbriones.blogspot.com/feeds/112292979714278950/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=14664654&amp;postID=112292979714278950&amp;isPopup=true' title='4 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/14664654/posts/default/112292979714278950'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/14664654/posts/default/112292979714278950'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://gastonmunozbriones.blogspot.com/2005/08/la-espiral.html' title='lA ESPIRAL'/><author><name>Gastón Muñoz Briones</name><uri>http://www.blogger.com/profile/10215275193324262238</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='24' height='32' src='http://photos1.blogger.com/blogger/5315/1334/320/P10100032.JPG'/></author><thr:total>4</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-14664654.post-112291856916016035</id><published>2005-08-01T13:47:00.000-04:00</published><updated>2005-08-01T13:49:29.166-04:00</updated><title type='text'>La boina roja</title><content type='html'>El la amaba, desde el día que la vio, con esa boina roja, durante el almuerzo, intercambiaron unas palabras, el lunes en la estación Universidad de Chile a las cinco. Se desato el deseo. Para Miguel el futuro era un lunes, espero en el primer piso, bajo a los andenes, volvió a subir buscándola, no fijaron el lugar. En el anden del frente, el tren partía y en el, una boina roja y su amor en dirección escuela militar.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/14664654-112291856916016035?l=gastonmunozbriones.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://gastonmunozbriones.blogspot.com/feeds/112291856916016035/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=14664654&amp;postID=112291856916016035&amp;isPopup=true' title='2 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/14664654/posts/default/112291856916016035'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/14664654/posts/default/112291856916016035'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://gastonmunozbriones.blogspot.com/2005/08/la-boina-roja.html' title='La boina roja'/><author><name>Gastón Muñoz Briones</name><uri>http://www.blogger.com/profile/10215275193324262238</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='24' height='32' src='http://photos1.blogger.com/blogger/5315/1334/320/P10100032.JPG'/></author><thr:total>2</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-14664654.post-112249614422387126</id><published>2005-07-27T16:26:00.000-04:00</published><updated>2005-07-27T16:29:04.230-04:00</updated><title type='text'>La pequeña Guillotina</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ese domingo Juan Pablo había decidido buscar entre los anticuarios del Persa Bío-Bío un velador que acompañara sus noches de insomnio. Siempre había creído que esa feria tenía algo del mercado de las pulgas de París o del Rastro de Madrid: estampillas antiguas, monedas gastadas, muebles desvencijados y todos esos objetos desechados por sus dueños.&lt;br /&gt;Caminó por el sector Tres que estaba poblado de juegos de videos y computadores desarmados. Ahí se podía encontrar las piezas para fabricar una máquina mejor que la Mir, la estación orbital que cayó al mar después de años de servicio y que fue abandonada por vieja, tan vieja como el régimen que la había enviado al espacio.&lt;br /&gt;Avanzó hasta un nuevo galpón donde los comerciantes ofrecían objetos variados. Viejos retratos de familia, marcos dorados que aguardaban una fotografía, vírgenes de distintas formas, tamaños y materiales. Juan Pablo quedó con la vista pegada en la imagen de una virgen con pelo que portaba un Jesucristo en pañales. También reparó en una figura de San Sebastián de casi medio metro. Siempre lo había sorprendido ese santo lleno de heridas. Cada vez que lo veía, pensaba en su vida, en las heridas que lo acompañaban.&lt;br /&gt;Parecía un domingo más en el Bío-Bío, pero en un momento sus ojos quedaron petrificados. En un pequeño reducto vio la Tizona de don Rodrigo Díaz de Vivar y las armaduras de tantas guerras santas. Recordó los libros que había leído en la secundaria. Junto a esas reliquias históricas apareció una mujer delgada, pálida, melancólica. Sus ojos negros y grandes chispeaban; llevaba un vestido blanco, con un cuello bordado de colores que iluminaba su rostro. Vio decenas de objetos venidos de España que le hicieron recordar la Edad Media. Casi pudo escuchar los laúdes que saludaban a los caballeros que emprendían las cruzadas para desterrar a los moros que habían invadido las tierras cristianas.&lt;br /&gt;Era tímido, pero frente a esa mujer de mirada inquietante, se sentía desarmado. Creía que el amor lo estaba tocando. Entre esas historias de tiempos antiguos, se imaginaba sentado en la mesa del Rey Arturo, pero estaba a muchas leguas del pasado. En ese instante mínimo y profundo invitó a la doncella medieval a cabalgar en su locura. Parecía vivir un sueño. Entre los recuerdos de luchas arcaicas, la mujer había emergido como una diosa. Su piel canela, sus labios gruesos, su mirada profunda,  invitaba a una aventura que no le era indiferente. Fue a su encuentro y extendió su mano.&lt;br /&gt;-Perdona, me llamo Juan Pablo, quiero conocerte y hacer de este encuentro un momento histórico en mi vida... quiero invitarte a mi castillo- dijo. &lt;br /&gt; Inexplicablemente ella sonrió y partió con él. Juan Pablo imaginó que su pequeño departamento era un castillo, y que el ascensor era el puente colgante que podía llamar a su antojo.&lt;br /&gt;Entraron en el feudo. Las murallas se iluminaron y se escuchó Las cuatro estaciones de Vivaldi. Comenzaron a girar y girar en un baile suave, dulce, tierno. El vestido blanco se batió a los vientos y fueron entrando en un estado especial.  De pronto estaban en la cama. El acarició la piel de su amada, levantó su vestido, recorrió sus muslos hermosos y trató de llegar al centro del amor. Sintió que sus manos habían encontrado el punto exacto, un pequeño rincón donde su sexo enfurecido intentaba llegar. La mujer estaba mojada. Avanzó hasta que un grito llenó el espacio, un grito desgarrado, intenso. Juan Pablo sintió que su sexo había sido mutilado por la pequeña guillotina que el calzón de castidad había protegido. La castidad de esa hermosa mujer venida del medioevo.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/14664654-112249614422387126?l=gastonmunozbriones.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://gastonmunozbriones.blogspot.com/feeds/112249614422387126/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=14664654&amp;postID=112249614422387126&amp;isPopup=true' title='1 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/14664654/posts/default/112249614422387126'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/14664654/posts/default/112249614422387126'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://gastonmunozbriones.blogspot.com/2005/07/la-pequea-guillotina.html' title='La pequeña Guillotina'/><author><name>Gastón Muñoz Briones</name><uri>http://www.blogger.com/profile/10215275193324262238</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='24' height='32' src='http://photos1.blogger.com/blogger/5315/1334/320/P10100032.JPG'/></author><thr:total>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-14664654.post-112247091639325209</id><published>2005-07-27T09:28:00.000-04:00</published><updated>2005-07-27T09:28:36.396-04:00</updated><title type='text'>Viaje en metro</title><content type='html'>Él venía de la zona sur de Santiago. Los planificadores urbanos se habían preocupado de dejar en el sur a los más pobres de la capital, por eso, el metro había sido un gran alivio para sus habitantes. Había acortado los viajes de Francisco casi en media hora y ya no tenía que tomar dos buses, ahora sólo caminaba hasta el paradero 14 de Vicuña Mackenna y subía al carro que lo llevaba raudo hasta el centro de la ciudad donde trabajaba como junior en una oficina de abogados. Ese trabajo le daba prestigio entre los jóvenes de su población.&lt;br /&gt;Para Francisco cada mañana era una aventura. ¿Qué le esperaba ese día? ¿Volvería a encontrar a la muchacha de pelo negro que le había llamado la atención por sus hermosos labios? Llegar a la estación y mirar en el andén esos cientos de rostros que esperaban el tren, era algo parecido a un juego; buscaba entre los rostros de las mujeres el que le parecía más bello y se daba el trabajo de ubicarse cerca de ella para abordar el mismo carro. Siempre iba de pie. Aunque existieran asientos disponibles, pegaba su espalda a la puerta del medio y desde ahí se dedicaba a observar a su presa. Con su cara inmutable y erguida, la miraba y seguía sus trazos. Recorría su cuello, sus orejas, sus ojos, y se detenía en su pelo. Esperaba encontrar una señal, un gesto que pudiera significar una invitación. Mientras el tren avanzaba y devoraba estaciones, cerraba los ojos y adivinaba en cuál de las paradas se había detenido; se había familiarizado con cada detalle del camino, lo reconocía como las palmas de sus manos y cuando se acercaba al cambio de línea en la estación Baquedano, un pequeño escalofrío recorría su cuerpo.&lt;br /&gt;Al cambiar de línea casi todos los pasajeros corrían y se atropellaban. Francisco caminaba junto a esa marea para tomar el carro que iba en dirección a San Pablo. Si la suerte estaba de su lado, podía ubicarse junto a su presa en el mismo vagón; él sabía que allí todo sería una aglomeración, era la hora de mayor tránsito, la hora en que había que apretujarse y hacer esfuerzos por no perder el tren. Si no tenía suerte, su elegida partiría en dirección de la estación Escuela Militar y todo se habría perdido esa mañana.&lt;br /&gt;Pero ese día estaba de suerte. La mujer de pelo negro y labios gruesos subió junto a él. De un salto abordó primero el tren para ganarle la espalda, pero la marea humana la envió sobre su pecho y pudo sentir su olor. Era un perfume que no podía reconocer, pero le agradaba. La mujer era unos cinco centímetros más baja que él. Podía observarla por los cristales de la ventana. Seguía ahí,  junto a su pecho, pero esta vez sintió los glúteos sobre sus piernas y un escalofrío recorrió su cuerpo. Pancho casi no respiraba. Se la imaginó desnuda y descubrió sus pechos de niña adolescente. El movimiento del carro hacía que sus cuerpos se deslizaran como en una danza cadenciosa; él quería que la de labios gruesos sintiera que él estaba ahí,  que el contacto obligado de ese instante le transmitiera su pasión. Soñaba con que ese leve  roce fuera suficiente para que lo deseara como él lo estaba haciendo en ese momento. Al detenerse en la estación Universidad Católica hubo un pequeño remezón, subieron más pasajeros que los que bajaron, y más allá se apretujó contra su cuerpo. El silbido anunció el cierre de las puertas y de nuevo en marcha.&lt;br /&gt;Se preguntaba si la desconocida sería una buena amante en el caso de que pudiese entrar en su vida. ¿Quién sería esa mujer que esa mañana le permitía soñar?, especulaba Francisco Ella se movió un poco, como acomodándose, y él sintió que sus glúteos duros, desafiantes, nuevamente rozaban sus piernas y contuvo la respiración que luego exhaló como un suspiro. Miraba el reflejo de la mujer en la ventana. Nada. Ningún signo, ni una sola expresión que le indicara que ella notaba su tensión, que esa proximidad le decía algo. En la estación Santa Lucía bajaron más pasajeros y esta vez no hubo tanta agitación.&lt;br /&gt;Se aproximaba la estación Universidad de Chile, el destino de Francisco. Sólo había un par de minutos para actuar. Se dispuso a llenarse de la desconocida, se arriesgó en su timidez y movió suavemente su pierna derecha para sentir mejor a la mujer que en los próximos segundos partiría con un rumbo distinto al suyo. El tren se detuvo, el contacto se perdió y los pasajeros comenzaron a bajar. Cuando se abrieron las puertas, quedó como petrificado y luego siguió a la muchedumbre que esa mañana partía en distintas direcciones para llegar a sus trabajos. Caminó lento. Aún conservaba en sus narices el perfume de la mujer de pelo negro y labios gruesos que esa mañana lo había hecho soñar en su viaje en metro.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/14664654-112247091639325209?l=gastonmunozbriones.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://gastonmunozbriones.blogspot.com/feeds/112247091639325209/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=14664654&amp;postID=112247091639325209&amp;isPopup=true' title='0 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/14664654/posts/default/112247091639325209'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/14664654/posts/default/112247091639325209'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://gastonmunozbriones.blogspot.com/2005/07/viaje-en-metro.html' title='Viaje en metro'/><author><name>Gastón Muñoz Briones</name><uri>http://www.blogger.com/profile/10215275193324262238</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='24' height='32' src='http://photos1.blogger.com/blogger/5315/1334/320/P10100032.JPG'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-14664654.post-112247081390336024</id><published>2005-07-27T09:24:00.000-04:00</published><updated>2005-07-27T09:26:53.906-04:00</updated><title type='text'></title><content type='html'>Una tarde de cine&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La publicidad se había incrustado en su cabeza. Debía ver esa película por la historia que narraba, por la buena crítica que había leído en los diarios, pero por sobre todo por el cuerpo de la protagonista. Invitó a Carolina a compartir esa experiencia en la selva amazónica del Perú. No era devóto de Vargas Llosa, el autor del libro en que estaba basada la película,  pero había reído mucho leyendo su “Pantaleón y las visitadoras”.&lt;br /&gt;Pasó a buscar a su mujer y se dirigieron al  palacio del consumo donde las salas de cine habían surgido como hongos después de la lluvia en los bosques sureños, junto a cientos de tiendas. Caminaron tomados de la mano como novios eternos, hasta llegar a la boletería infranqueable donde una joven con una sonrisa cansada  preguntaba  detrás de un micrófono comunicador. Dos entradas para “Pantaleón y las visitadoras”, pidió José con un hilito de voz traicionado una vez más por su timidez.  Pagó seis mil pesos y recibió un par de papeles azules. Sala tres y que pasen una buena velada, fue la frase final apremdida en el proceso de entrenamiento.&lt;br /&gt;Cruzaron la barrera y se abrió un amplio espacio. En un mesón se ofrecían  los distintos combos, ellos fueron a  comprar cabritas de maíz, que por un exraño artificio se habían convertido en pop corn.  Podían agrandar su pedido por ciento cincuenta pesos más, Pertrechado con dos enormes paquetes de cabritas y un par de bebidas diet caminaron hacia la sala tres. El siempre había odiado todo lo yankee pero comer cabritas en el cine le parecía lo máximo.&lt;br /&gt;Entraron a la sala en la comodidad de los espectadores y los asientos cómodos estaban como en una colina para que la cabeza de nadie pudiera impedir que las escenas pudieran dejar de ser saboreadas por los cinéfilos. Estaban en los comerciales y entre cabritas de maíz, besos inocentes y tiernas caricias, la pantalla inició la acción.&lt;br /&gt;Un soldado ejemplar, un defensor de la patricia, un militar ejemplar, fiel a su mujer y a  sus órdenes estaba recibiendo su próxima misiòn secreta. La patria lo convocaba a rescatar la imagen de las fuerzas armadas; a responder con un pequeño acto, el sacrificio de esos hombres que sembrados en la frontera hacían patria, construían soberanía. Estaba llamado  a saciar la virilidad de los hombres de armas.&lt;br /&gt;Entre besos y sonidos de cabritas saladas se fueron sucediendo las escenas. El reclutamiento de las visitadoras no dejó de llamar la atención de José, no sólo por los cuerpos de las mujeres que comenzaron a desfilar por la pantalla sino porque pesnó en la mujer con la que compartía ese momento. Soñó que estaba en esos hermosos parajes y que partía en ese barquito que salía de Iquitos, solo con ella para amarla en la selva, para entregarle  su amor, y  amarse en cada pequeña playa. Pensaba en lo hermoso que sería que pudieran partir, como las visitadoras para amar, para hacer el amor en cada recodo del Amazona, para entregarse por completo a la maravillosa tarea de amarse para siempre.&lt;br /&gt;La Colombiana le pareció una mujer estupenda, una pantera salida de la selva, una devoradora, con unos ojos que hablaban de la pasión, con unos labios que hablaban un lenguaje de placer, pero por sobre todo tenia la tristeza de una mujer con necesidad de ser amada. El penso en la mujer que estaba a su lado y penso que estaban juntos y eran felices y que era más linda que la Colombiana y que estaba a su lado, que podía sentirla, tocarla y como había ocurrido tantas veces entregarse a la pasión con más fuerza y amor que el que podía reflejar Pantaleón.   &lt;br /&gt;Las cabritas fueron disminuyendo, la coca laght llegaba a su fin y entre las lágrimas de las últimas escenas se fue construyendo en la cabeza de José, la triste historia de aquel joven oficial que había buscado ser un ejemplo en el cumplimiento del deber que había arriesgado familia, amor por cumplir con el deber, que había cruzado fronteras morales, que se había conectado con la realidad de su pueblo, que había querido cumplir su misión hasta las últimas consecuencias y que de un momento a otro paso de ser héroe a villano, con la facilidad de la noche al día. Aquellos que le habían dado las órdenes, que lo felicitaron, frente a las cámaras de televisión lo ignoraron, lo negaron, renegaron de él, dieron las órdenes, para que otros las cumplieran y después lo negaron para siempre.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/14664654-112247081390336024?l=gastonmunozbriones.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://gastonmunozbriones.blogspot.com/feeds/112247081390336024/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=14664654&amp;postID=112247081390336024&amp;isPopup=true' title='0 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/14664654/posts/default/112247081390336024'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/14664654/posts/default/112247081390336024'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://gastonmunozbriones.blogspot.com/2005/07/una-tarde-de-cine-la-publicidad-se.html' title=''/><author><name>Gastón Muñoz Briones</name><uri>http://www.blogger.com/profile/10215275193324262238</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='24' height='32' src='http://photos1.blogger.com/blogger/5315/1334/320/P10100032.JPG'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-14664654.post-112247065111366356</id><published>2005-07-27T09:17:00.000-04:00</published><updated>2005-07-27T09:24:11.116-04:00</updated><title type='text'>Madre de fin de semana</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A ella le gustaba dormir los sábados hasta tarde. Tenía el sueño acumulado de cientos de noches de insomnio por amores mal correspondidos, por eso, el fin de semana se desquitaba y se entregaba al placer de dormir casi hasta la inconciencia. Fue la musiquilla de su celular  la que la devolvió a la vida. Era la voz de Joaquín, su nueva pareja, que desde el otro lado de la línea le anunciaba visita junto a sus dos cachorros. La pasaría a buscar  y ella, que no tenía hijos, asumiría el papel de madre de fin de semana. Tras cortar, María José respiró profundo y se dispuso a romper su ritual de sueño y comenzar la aventura que tenía por delante.&lt;br /&gt;El timbre de su departamento sonó repetidamente, como si los visitantes quisieran remarcar su presencia. Ella abrió la puerta y entró una tormenta infantil. Hola como estás, me tienes regalos, quiero jugar con tus peluches, dijo atolondradamente uno de los niños, y antes de que ella se diera cuenta se había armado una revolución entre sus sillones. Él intentaba explicarle que Francisco era un poco inquieto y le pedía  que tratara de entender que los niños eran así.&lt;br /&gt;De pronto estaban dentro del auto, en dirección hacia el Alto Las Condes. Buscaron un estacionamiento vacío entre la maraña de autos de todos los tamaños. Era frecuente que hasta allí llegaran mujeres que consideraban la visita al mall como una exhibición, como un desfile de modas. Los vehículos que manejaban eran enormes, casi siempre camionetas 4x4, donde llevaban a los niños al colegio antes de partir al gimnasio. En esos lugares moldeaban sus cuerpos y, a veces, encontraban un amor circunstancial. Era gente linda en un lugar lindo.&lt;br /&gt;-María José, ¿me puedes regalar las cartas de pókemon que venden en Salo para quererte más?... son baratas... ¿con un billete verde alcanzará?- preguntó Francisco, el hijo pequeño.&lt;br /&gt;            -Yo quiero comer un helado- anunció Camila, mucho más educada que su hermano.&lt;br /&gt;-Calma- pidió a gritos Joaquín-. Lo haremos todo con calma. De partida, comeremos a la una, y primero buscaremos el diccionario de inglés que necesita Camila.&lt;br /&gt;-¡No!- gritó Francisco-. Yo quiero ir a la tienda de mascotas y quiero mirar juguetes en esa tienda que es como un castillo.&lt;br /&gt;            Entre tironeos por los pasillos, llegaron finalmente al patio de comidas.&lt;br /&gt;-Yo quiero una cajita feliz... están regalando unos Snoopy que quiero coleccionar- exigió Francisco.&lt;br /&gt;El marketing podía más. Los padres compraban comida chatarra casi exclusivamente por los juguetes que se regalaban junto a las bandejas de pollos y bebidas.&lt;br /&gt;Entre papas fritas, nuggets de pollo, un café express que pidió Joaquín y una ensalada que eligió María José, el cuarteto parecía feliz, especialmente el padre que había conseguido sentarse en la zona destinada a los fumadores. Mientras sorbía su café, se dedicó a observar a su alrededor y fue descubriendo que había muchas mujeres solas con sus hijos. Sus maridos, seguramente, debían estar jugando tenis o  rugby con los ex compañeros del colegio exclusivo, especuló Joaquín. Todo era apacible, con la excepción de Francisco que parecía un pequeño simio saltando entre las mesas con una presa de pollo entre sus manos. El padre pidió que se tranquilizaran cuando vio las bandejas llenas de ketchup, las servilletas rotas y manchadas de mostaza, e insistió en su petición cuando los niños le fueron a pedir monedas para cambiarlas por unos asquerosos chicles que expulsaban las máquinas instaladas estratégicamente en los pasillos.&lt;br /&gt;Después de llenar sus panzas, buscaron la película que cerraría la tarde. Les pareció que “Llegó el recreo” era la adecuada. María José, con un cansancio del alma, sonrió mientras compraba las rosetas de maíz.&lt;br /&gt;-Francisco, ¿quieres saladas o dulces?-  preguntó.&lt;br /&gt; Él quería dulces.&lt;br /&gt;-Y también quiero un helado- pidió el niño.&lt;br /&gt;            -Será difícil- aseguró María José.&lt;br /&gt;-¡Quiero un helado!- gritó Francisco, como si necesitara anunciar su deseo a todos los visitantes del mall.&lt;br /&gt;-Bueno, no hay problema- contestó la mujer que sólo quería complacer a los pequeños hijos de su amor.&lt;br /&gt;Las rosetas de maíz rodaron por el suelo de la sala. Gritos de aburrimiento y nuevos llamados a la calma se fueron sucediendo hasta que terminó la función. Ir a los juegos electrónicos fue la nueva demanda de los niños. Una vez que compraron las fichas, se concentraron entre los peleadores japoneses que hacían piruetas para vencer al enemigo. Ella se acercó hasta donde estaba el hombre que observaba a sus hijos felices. Lo apretó contra su cuerpo y no dijo nada. Sólo quería que estuviera feliz.&lt;br /&gt; &lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/14664654-112247065111366356?l=gastonmunozbriones.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://gastonmunozbriones.blogspot.com/feeds/112247065111366356/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=14664654&amp;postID=112247065111366356&amp;isPopup=true' title='0 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/14664654/posts/default/112247065111366356'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/14664654/posts/default/112247065111366356'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://gastonmunozbriones.blogspot.com/2005/07/madre-de-fin-de-semana_27.html' title='Madre de fin de semana'/><author><name>Gastón Muñoz Briones</name><uri>http://www.blogger.com/profile/10215275193324262238</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='24' height='32' src='http://photos1.blogger.com/blogger/5315/1334/320/P10100032.JPG'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-14664654.post-112247019162202963</id><published>2005-07-27T09:13:00.000-04:00</published><updated>2005-07-27T09:16:31.630-04:00</updated><title type='text'>Cita Frustrada</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La había conocido por casualidad. Fue un día de junio, en casa de su prima. Sofía estaba de cumpleaños y allí estaban sus más antiguas amigas, entre ellas, Alejandra. Tenía treinta años, un hijo, unos ojos negros maravillosos y estaba separada. Él, tímido, bordeaba los cuarenta y tenía un trabajo burocrático que le cansaba el alma. Soñador obstinado, había amado a muchas mujeres que nunca se enteraron de sus sentimientos. Era un introvertido, un lobo solitario. Esa noche estaba contento. Le había llevado a Sofía un perfume francés -con toda seguridad falsificado- que lo llenaba de orgullo.&lt;br /&gt;Mientras preparaban los completos se produjo el encuentro. En la mesa había ensaladas, salsa americana, chucrut, tomate picado en trocitos, mostaza, mayonesa, ketchup, ají, y una bandeja con pan caliente. Todo dispuesto para celebrar. Fue justo en el instante en que quiso aplicar la mayonesa -nunca sale cuando se necesita- cuando el chorro saltó directo a la falda de Alejandra. Sintió vergüenza y espanto. Tomó una servilleta y su pan cayó en el regazo de la mujer. Trató de decir algo, algo parecido a una disculpa,  pero se cruzó con esos ojos que lo paralizaron. Su boca se negó a articular palabras hasta que ella rompió el silencio.&lt;br /&gt;-No te preocupes, fue un accidente sin importancia- dijo Alejandra.&lt;br /&gt;Ella, más diestra, limpió la falda sin conseguir borrar la aureola de mayonesa.&lt;br /&gt;El resto de la noche no hizo más que justificarse. Alejandra, más madura, comprendió que estaba ante un solitario triste e intentó que no se complicara con una situación tan banal como una mancha de mayonesa. Conversaron de trivialidades que los fueron aproximando. Ella también estaba sola y tenía miedo de la vida. El destino estaba colocando frente a frente a dos seres que sufrían. Sentados en un rincón del comedor, escucharon la música estridente,  rehicieron los completos y con una cerveza en la mano hablaron hasta que ella anunció que debía partir. No le preguntó cuál era su rumbo o si tenía cómo irse. Sólo tenía una pregunta para ella. &lt;br /&gt;-¿Podemos encontrarnos otro día?- se atrevió a decir después de tragar saliva.&lt;br /&gt;            Las palabras le sonaron duras y frías en su cabeza, ella lo miró sonriente.&lt;br /&gt;-Me gustaría invitarte a comer mañana- propuso Alejandra.&lt;br /&gt;Esas palabras sonaron como un eco en su cabeza. Comer. Mañana. Atolondradamente anotó la dirección y se despidieron con un beso en la mejilla. Sería  hasta las nueve de la noche del día siguiente.&lt;br /&gt;Él trabajaba en la oficina de partes de la municipalidad de Lo Prado. Su día transcurría entre el timbraje de papeles y el registro de los mismos en un enorme libro; era experto en recordar la numeración de los oficios que pasaban por sus manos, y sabía el destino de todos los documentos. Cuántos habían sido enviados a la Intendencia y cuántos al Ministerio del Interior. Cuando le preguntaban dónde se encontraba, por ejemplo, el decreto de adjudicación de la reparación del consultorio, él, sin mirar sus libros, decía de memoria: el día cinco salió de esta secretaría y hoy debe estar en administración y finanzas. Conocía con exactitud los vericuetos de la burocracia.&lt;br /&gt;Ese viernes era el último del mes, el día en que cantaba Gardel. El día de pago. Se sentía ajeno a sus funciones, todo lo hacía mecánicamente. Timbrar, escribir, registrar. Sólo pensaba en los ojos negros de esa mujer delgada, en la invitación a comer, en el destino. La soñaba, la veía hermosa y su cara enrojecía cuando recordaba la mancha de mostaza en la falda. Por la expresión de sus ojos y su boca, cualquiera podía deducir que ese hombre alucinaba.&lt;br /&gt;Los viernes salía una hora más temprano que el resto de la semana Partió inquieto a su cuarto de soltero, arrendado en una vieja casa del sector de la plaza Brasil, se tendió en la cama, descansó y soñó con ella. Durmió hasta las siete, despertó animado y esperó que sonara el pito de la tetera que había comprado en la última liquidación de Almacenes París. Saboreó lentamente su café y encendió el calefón que conocía como a un viejo amigo. Había que dominar la técnica. Se duchó largamente para eliminar muchas fatigas de su cuerpo, al terminar descubrió que afuera llovía intensamente. Si bien en la mañana los pitonisos habían sugerido la posibilidad de lluvia, él no había hecho caso.&lt;br /&gt;Vistió su traje azul, anudó su corbata y cogió el ramo de rosas. Su auto era pequeño, pero lo hacía sentirse poderoso. Era el único que en la oficina de partes no viajaba en micro. El Subarú era amarillo y esa condiciòn representaba un símbolo para él. Aunque se trataba de una canción de los años sesenta, Submarino amarillo lo había impresionado enormemente.&lt;br /&gt;Sus pensamientos estaban puestos en Alejandra. Trataba de recordarla en cada detalle, en cada gesto. Dejó el ramo de rosas en el asiento del copiloto, ajustó su cinturón de seguridad y tomó el camino hacia la calle Nataniel Cox. Ella vivía en el paradero 31 de la Gran Avenida. Todo marchó bien hasta que inició el trayecto final. Estaba cruzando El Llano Subercaseaux y el hospital Barros Luco cuando un chofer de micro lanzó un chorro de agua sobre su parabrisas. El velo de agua lo dejó ciego por unos segundos, maldijo al chofer, pero continuó su trayecto. No quería llegar atrasado.&lt;br /&gt;Pasó la Avenida Departamental y la crecida aumentaba. Mierda, dijo. Esta ciudad está colapsada. Trató de acelerar manteniendo el embriague y logró pasar el paradero 25. Hacia delante veía un río, pero no podía detenerse. Alguien se había fijado en él.  Muy cerca, había otro ser humano solo y triste que lo esperaba, pero su pequeño Subarú sucumbió. Desesperadamente, intentó acelerar para devolverle la vida. Imposible. Fue como si un paro cardíaco hubiese tocado el alma  de su querida máquina. Allí, en medio de ese río que bajaba por la Gran Avenida, se había ahogado su esperanza.  Recordó el titular del diario de la mañana. Después de cuatro años de sequía, tenemos un invierno lluvioso, anunciaba la portada del periódico. A las nueve de la noche estaba en medio de un torrente que había congelado su orgullo. Se aferró al volante, apoyó su cabeza y rogó para que la vida le permitiera, tal como a Moisés, separar las aguas y llegar donde su amada.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/14664654-112247019162202963?l=gastonmunozbriones.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://gastonmunozbriones.blogspot.com/feeds/112247019162202963/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=14664654&amp;postID=112247019162202963&amp;isPopup=true' title='0 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/14664654/posts/default/112247019162202963'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/14664654/posts/default/112247019162202963'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://gastonmunozbriones.blogspot.com/2005/07/cita-frustrada_27.html' title='Cita Frustrada'/><author><name>Gastón Muñoz Briones</name><uri>http://www.blogger.com/profile/10215275193324262238</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='24' height='32' src='http://photos1.blogger.com/blogger/5315/1334/320/P10100032.JPG'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-14664654.post-112239231902081513</id><published>2005-07-26T11:38:00.000-04:00</published><updated>2005-07-26T11:40:07.976-04:00</updated><title type='text'>UN PASEO AL ZOOLÓGICO</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Esa mañana el sol había entrado por la ventana más temprano que lo habitual. María Emilia lo había sentido sobre su cuerpo y se había contorsionado como una gata. Miró el reloj, eran sólo las ocho y treinta. Durante la semana a esa hora ya cabalgaba en la 434 para llegar a su trabajo. Pero hoy era domingo y podía darse el placer de enredarse entre las sábanas y sus sueños, y si se quedaba más tiempo podía alcanzar sus fantasías que la llevaban más allá de sus deseos.&lt;br /&gt;Se levantó con calma, fue hacia el baño y encendió la estufa. Luego caminó hasta la cocina y en la cafetera de cristal que tanto le gustaba y tantos recuerdos le traía, preparó el café. Miró a su hijo Sebastián, lo vio profundamente dormido, suspiró hondo y fue hasta el cuarto de baño. Se desprendió de su pijama de satín de color rosa, se observó en el espejo que estaba detrás de la puerta, tocó sus pechos todavía erguidos y pensó que aún era deseable. Nada mal para mis cuarenta años, meditó. Abrió la llave del agua caliente, comprobó con su mano derecha que estaba a una temperatura adecuada, entró en la tina y dirigió el chorro hacia su cara. El agua bajaba por su cuerpo tenuemente. Tomó la barra de jabón, acarició sus pechos y cerró los ojos como si se tratara de un placer erótico; bajó hacia su vientre donde la espuma delineaba caprichosos dibujos que luego caían en su monte de Venus. Por esas cosas raras de la naturaleza, el pelo negro de su sexo contrastaba con su cabellera rubia.&lt;br /&gt;De un golpe cortó el agua, recogió la toalla y secó su cuerpo que ya mostraba el paso de los años; nuevamente se miró al espejo y con la punta de su mano derecha tocó las estrías de su vientre. El precio de un hijo, pensó. Anudó la toalla sobre sus pechos, cogió una más pequeña, la dobló en dos, echó su pelo hacia delante, y se la acomodó en un precioso turbante que le daba un aire de diosa. En el refrigerador buscó jugo de naranja y se sentó en la pequeña mesa de la cocina para saborear el jugo y el café matinal.&lt;br /&gt;María Emilia estaba preparada para enfrentar el día. Volvió al dormitorio de su hijo y empezó a despertarlo acariciando su cabellera cortada a lo príncipe valiente. El niño se quejó con un sutil canto y fue abriendo los ojos hasta responder a las órdenes de su madre que lo invitaba a iniciar el paseo programado para ese domingo de octubre. En la cocina le sirvió yogurt y una taza de leche con zucaritas.&lt;br /&gt;De pronto, en ese instante apacible de intimidad entre madre e hijo, vino el dardo que cruzó el aire y se clavo medio a medio en su dolor de madre.&lt;br /&gt;- Mamá, ¿por qué el papá no viene con nosotros?&lt;br /&gt;Qué decir. Su corazón se agitó y su mente buscó rápidamente una respuesta que sonara verdadera.&lt;br /&gt;-Hijo, tu padre tiene otras cosas que hacer; tú sabes que vendrá el próximo fin de semana para salir contigo –aventuró la mujer, pero al decirlo sintió algo amargo en su boca. Siempre habían sostenido que los cachorros se cuidaban en pareja, sin embargo no habían podido mantener su convicción. El desamor había barrido esa idea.&lt;br /&gt;Llegaron hasta los pies del cerro San Cristóbal. Allí María Emilia encontró un sitio donde estacionar su auto rojo y bajaron contentos por la jornada que tenían por delante. Ella tenía la esperanza de que su hijo fuera feliz. Caminaron hacia el Funicular, entre comerciantes que ofrecían las más variadas mercaderías: máscaras de la Mujer Maravilla, el Hombre Araña, Dragón Boll Z, el Ratón Mickey, pequeños monos saltarines y toda suerte de comida para los habitantes del zoológico. Sebastián quería comprar de todo, pero su madre, con un recurso sabio, le prometió que lo harían a la vuelta. Subieron a un carro y el viejo aparato comenzó a girar pesadamente hasta detenerse en la entrada del zoológico. De la mano de su madre, el niño miraba la ciudad extendida por valles y cerros. Por petición del cachorro fueron de inmediato a ver los elefantes que habían llegado de Australia para remplazar a la elefanta Fresia. Luego, el niño vio al lobo de mar que gozaba haciendo sus llamativas piruetas y empezaron a escalar por los senderos demarcados.&lt;br /&gt;La jaula de los monos fue un deleite para Sebastián que con sus ojillos negros seguía los saltos del mono araña que tenía una cola semejante a una mano; el araña saltaba de las formas más increíbles, como si quisiera demostrar sus capacidades acrobáticas. Siguieron escalando hasta llegar a la zona de las jirafas que estiraban su cuello para obtener cabritas de maíz. El niño les dio de su paquete, pero una de ellas le arrebató la bolsa con su lengua de fina lija. Cerca del foso de los mandriles o monos de poto colorado vieron cómo el más fuerte le arrebataba a sus compañeros la lechuga lanzada por el cuidador, pero también observaron cómo un mandril pequeño y osado era capaz de robar un poco de alimento y arrancar diestramente sobre un menudo monte artificial. Sebastián tironeó a su madre para ir a ver a los leones que vivían en una jaula muy reducida y que a los ojos de todos resultaba una prisión torturadora. Ella pensó en las ventajas que tendría el nuevo zoológico que se emplazaría en La Pintana, en el sur de la ciudad, donde los animales podrían correr libremente.&lt;br /&gt;El hijo tironeó nuevamente la mano de la mujer. Quería ver a los canguros y al oso polar que estaban en la parte baja del zoológico. Fueron circulando entre una enorme variedad de pájaros hasta llegar donde los marsupiales que brincaban a grandes zancadas. El oso polar se retorcía en la piscina, cerca de la pequeña cascada. Los ojos del niño estaban encendidos, brillaban de felicidad, pero los de su madre estaban petrificados por el espanto. No lo podía creer. Avanzando hacia ellos venía el padre de Sebastián con dos niños saltarines y dichosos. Venía de la mano de su nuevo amor. María Emilia sólo sintió ganas de llorar.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/14664654-112239231902081513?l=gastonmunozbriones.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://gastonmunozbriones.blogspot.com/feeds/112239231902081513/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=14664654&amp;postID=112239231902081513&amp;isPopup=true' title='0 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/14664654/posts/default/112239231902081513'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/14664654/posts/default/112239231902081513'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://gastonmunozbriones.blogspot.com/2005/07/un-paseo-al-zoolgico.html' title='UN PASEO AL ZOOLÓGICO'/><author><name>Gastón Muñoz Briones</name><uri>http://www.blogger.com/profile/10215275193324262238</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='24' height='32' src='http://photos1.blogger.com/blogger/5315/1334/320/P10100032.JPG'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-14664654.post-112239134532650619</id><published>2005-07-26T11:20:00.000-04:00</published><updated>2005-07-26T11:23:34.096-04:00</updated><title type='text'>Sueño de primavera</title><content type='html'>Su corazón se batió agitadamente. Frente a él estaba esa mujer que parecía una virgen de Boticelli. Era malditamente hermosa. Sus ojos juguetones, de mirar profundo, eran pequeños luceros que iluminaban el universo. Su piel, un claro de luna; sus manos, mariposas danzarinas; su cuerpo, un junco que vibraba como azotado por un viento invisible. Allí estaba él, tieso, como una estatua, sin saber qué decir, pensando con torpeza, articulando en su mente palabras absurdas. Era la más encantadora y luminosa que había conocido. Buscó algún recurso para hablarle de manera coherente, pero no encontró ninguno. Ella estaba ahí, sentada, con su juventud cristalina, segura de que tenía el mundo por delante; él, en cambio, estaba en la curva final de la vida, marcado por sus penas y recuerdos.&lt;br /&gt;Por qué la vida lo colocaba en ese trance difícil. Ella había llegado un día de primavera, así, de pronto, para investigar sobre la pobreza de la comuna donde Juan José vivía y trabajaba. Antropóloga, recién egresada, realizaba su tesis con toda la energía de sus años, con su espléndida belleza y su sonrisa embriagadora. Con su investigación buscaba la respuesta a miles de interrogantes que bullían alocadamente en su cabeza. Él, un hombre de medio siglo, solo y melancólico, tenía que atenderla. Maldijo sus años al darse cuenta que los separaba un abismo.&lt;br /&gt;Esa noche no pudo dormir. La muchacha ocupaba todos sus pensamientos; se tendió en la cama y comenzó a recordar su niñez, los veranos en las playas de Iloca, cerca de Vichuquén, donde cada año se reunían los brujos. Pensó que podría permutar parte de los años que le quedaban por vivir por veinte menos y así acercarse a la mujer que lo había dejado confundido, atolondrado. Podría hacer un pacto con el diablo y repetir la historia de Fausto. Estaba concentrado en esas divagaciones cuando el dormitorio tomó un fuerte olor a azufre y las luces se apagaron. Una voz en la penumbra lo llamó por su nombre.&lt;br /&gt;-Juan José, estoy aquí para ayudarte- dijo la voz.&lt;br /&gt;Él se sobresaltó y permaneció quieto.&lt;br /&gt;-Vengo a darte la felicidad de volver a ser joven, pero lo serás sólo por un año. Después partirás conmigo- continuó la voz.&lt;br /&gt;Recordó a la mujer que le había arrebatado el alma. Una fuerza interna nacida del amor lo hizo levantarse y caminar hacia el lugar donde emergía la voz; divisó una figura envuelta en un manto negro, que llevaba un sombrero alón. Sólo pudo ver una doble fila de dientes blancos y una boca enorme. Una mano le extendió un pergamino.&lt;br /&gt;-Tienes que firmar aquí y ahí- apuntó la mano y fijó un dedo en una cruz roja. Luego le entregó un plumón para que estampara sus señas. Juan José dibujó las dos jotas de su firma. Se escuchó una fuerte risotada, un resplandor iluminó la casa y el espectro que tenía ante sí, desapareció. Todo había sucedido tan rápido.&lt;br /&gt;Quedó en medio de su pieza y con espanto miró el espejo que colgaba en la pared. Comprobó que lucía más joven, que su rostro no tenía arrugas y que el cabello blanquecino había retornado a su color negro. Incrédulo, tocó su rostro para constatar que la imagen que le devolvía el espejo era real. Me queda un año de vida, pero no importa, meditó. Qué valía su vida si no estaba con ella.&lt;br /&gt;A la mañana siguiente esperó en su oficina que apareciera la musa que lo había enloquecido. Primero fue su olor el que le aceleró el corazón, después su figura esbelta de gacela, de tigresa zigzagueante que entraba dominando el mundo. Se sintió su esclavo. Tomó fuerzas y caminó hacia ella.&lt;br /&gt;-Pequeña mía, amada mía... has despertado en mí la pasión, estoy enloqueciendo por ti- dijo.&lt;br /&gt;La abrazó con dulzura y besó los labios que lo habían excitado desde el primer minuto. Ella respondió al impulso apasionadamente.&lt;br /&gt;-Quiero que me acompañes. Iremos a la playa- invitó él.&lt;br /&gt;Tomaron la ruta 68, rumbo a Isla Negra. En ese balneario Juan José tenía una casa que parecía un barco. Encendieron la chimenea para aplacar el frío primaveral. Mirando el fuego reconocieron sus cuerpos. Él enmudeció al ver su piel blanca y recorrió los caminos del placer hasta quedar fatigado. Volvieron a besarse, bebieron de los manantiales desconocidos hasta el cansancio y allí, en la alfombra, ella se durmió en sus brazos. Juan José estaba feliz. No le importaba que había comenzado el último año de su vida. Ese momento lo valía todo.&lt;br /&gt;Un ruido agudo penetró su cabeza. Abrió los ojos, vio el sol que entraba por la ventana del dormitorio, miró el reloj. Constató que eran la siete y media, que su cama era enorme, que estaba solo. La alarma de despertador empezó a vibrar. Una vez más tenía que levantarse para salir a pelearle a la vida.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/14664654-112239134532650619?l=gastonmunozbriones.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://gastonmunozbriones.blogspot.com/feeds/112239134532650619/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=14664654&amp;postID=112239134532650619&amp;isPopup=true' title='0 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/14664654/posts/default/112239134532650619'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/14664654/posts/default/112239134532650619'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://gastonmunozbriones.blogspot.com/2005/07/sueo-de-primavera.html' title='Sueño de primavera'/><author><name>Gastón Muñoz Briones</name><uri>http://www.blogger.com/profile/10215275193324262238</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='24' height='32' src='http://photos1.blogger.com/blogger/5315/1334/320/P10100032.JPG'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-14664654.post-112239079671129258</id><published>2005-07-26T11:09:00.000-04:00</published><updated>2005-07-26T11:20:38.173-04:00</updated><title type='text'>la ducha</title><content type='html'>Era un día de primavera. El sol, aún tenue, entregaba un calor suave, se escuchaba el rumor de la ciudad y las personas iban alegres por las calles. El mundo parecía vibrar en esos rostros hermosos. Juan Carlos y Soledad caminaban de la mano por la playa. Después de muchos insomnios y dudas, de preguntarse si era o no correcto, habían tomado el avión hasta Brasil para vivir esas vacaciones tantas veces postergadas. El destino les había puesto muchos obstáculos, pero esa tarde sentían una tranquilidad que acompañaba sus cuerpos y sus almas.&lt;br /&gt;Estaban felices.&lt;br /&gt;Ella había luchado desde niña. Muy joven se había hecho cargo de su hogar luego de que su padre había partido tras una mujer. Desde entonces, el amor le había sido esquivo. Tenía poco más de 45 años, y un día cualquiera había conocido al loco cuerdo que la acompañaba.&lt;br /&gt;El hombre, algunos años mayor que ella, iba cargado de ilusiones y cicatrices. Se conocieron por azar y ahora estaban allí, paseando, como viejos amantes. Poco rato antes habían comido camarones al ajillo, los habían saboreado uno a uno. Se miraban con placer, se daban los trozos de carne roja en la boca y él se deleitaba cuando ella, con sus labios carnosos, los apretaba. En ese momento sus ojos eran dos perlas juguetonas. Después, ella chupaba sus dedos para limpiarlos de la salsa de ajo. La miraba cómo levantaba la copa de champaña. Todo era excitante: verla comer o beber, o mirar sus pechos que asomaban por la blusa blanca.&lt;br /&gt;Estaban cansados. Ya en el hotel, se tendieron y decidieron tomar una ducha que los repusiera de la caminata. Ella se desprendió de la blusa y apareció su piel morena; él, recostado, observó cómo sus pechos se liberaban con la caída del sostén. Diestramente, sus manos descendieron por sus piernas hasta deslizar el pequeño calzón que la incomodaba. Quedó completamente desnuda para el deleite de los ojos embobados de Juan Carlos.&lt;br /&gt;Ella caminó hacia el cuarto de baño. Su paso cadencioso, mostraba dos glúteos cimbreantes, sus piernas se desplazaban en una lenta danza. Sabía que la observaba, pero no se detuvo. De pronto, él escuchó el ruido del agua y ese instante fue un llamado rotundo. Se desnudó y partió tras su amada. La ducha estaba tras unos cristales, se observaba un pequeño vapor, pero alcanzó a distinguir el cuerpo que lo aguardaba. Llegó como pateando puertas y la abrazó por la espalda con energía; el chorro de agua tibia pasaba de un cuerpo a otro. Sus labios se buscaron, se mordieron y sus lenguas jugaron dentro de sus bocas ardientes. Él tomó el jabón y la espuma con olor a manzanas los invadió. Juan Carlos empezó a recorrer los pechos de Soledad hasta que sus pezones se levantaron como lanzas; sus manos siguieron por su vientre hasta encontrar el vello de su sexo. Lo acarició delicadamente, ella echó su cabeza hacia atrás y el agua bajó por su cuerpo. Las manos del hombre llegaron a su clítoris mientras sus labios atrapaban sus pezones.&lt;br /&gt;El agua seguía mojándolos. Él comenzó a descender con sus labios por el vientre suave; las manos de ella buscaban detenerlo desesperadamente, pero no había vuelta atrás, sus labios ya estaban en el centro del amor. Ella se movía encabritada, con un placer que la sobrepasaba. Apoyada en la pared, lo acariciaba con furor. Soledad no pudo resistir, lo tomó por los hombros y buscó su sexo. Lo acarició con su boca y lo atrapó con sus labios. Comenzaron a jugar. Él lanzó unos gemidos que fueron un estímulo para que ella lo abrazara con más fuerza. Él ya no podía resistir. Agitado, la levantó, la besó y nuevamente buscó su sexo. Los quejidos de la mujer fueron adquiriendo un sonido especial hasta que gritó con una fuerza que no le conocía.&lt;br /&gt;Juan Carlos se secó suavemente con las toallas blancas, caminó hacia la cama y se tendió de espalda, con el corazón inquieto de placer. Se sentía bien, sus dolores pasados estaban sanos; sus penas, superadas; había conocido el amor verdadero y entonces, con una sonrisa, con la felicidad contenida, su corazón se detuvo para siempre.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/14664654-112239079671129258?l=gastonmunozbriones.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://gastonmunozbriones.blogspot.com/feeds/112239079671129258/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=14664654&amp;postID=112239079671129258&amp;isPopup=true' title='0 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/14664654/posts/default/112239079671129258'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/14664654/posts/default/112239079671129258'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://gastonmunozbriones.blogspot.com/2005/07/la-ducha.html' title='la ducha'/><author><name>Gastón Muñoz Briones</name><uri>http://www.blogger.com/profile/10215275193324262238</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='24' height='32' src='http://photos1.blogger.com/blogger/5315/1334/320/P10100032.JPG'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-14664654.post-112207778564279695</id><published>2005-07-22T20:15:00.000-04:00</published><updated>2005-07-22T20:16:25.646-04:00</updated><title type='text'>El Parto</title><content type='html'>La emoción había traspasado el corazón de Juan Pablo cuando en la pantalla del monitor apareció ese pequeño ser que se movía en el líquido de su madre. Por un instante, creyó ver que su hija se estaba chupando un dedo. Parecía tranquila, feliz, en su hábitat natural. Él no podía dejar de conmoverse. Siempre le sucedía y pensaba que debía controlar sus emociones. Pero él era así. Qué podía hacer. Nada.&lt;br /&gt;Esa noche estaban tranquilos mirando la gorda luna que colgaba en el cielo y que entraba en la habitación, cuando sintió el sobresalto. La criatura se agitó en el vientre de su madre y él pudo ver cómo la piel se movía. Nuevamente sus emociones lo traicionaron. Recordó esos días en que creía que moriría acribillado y pensó en ese momento junto a su compañera. La pequeña parecía decirles estoy aquí, ya llegaré para alegrar vuestras tristes existencias. Ella, seguramente, percibía que sus padres habían soportado muchos dolores y llorado muchas muertes. Que habían sufrido el horror de años de barbarie. &lt;br /&gt;Un día sonó la alarma. La madre había subido exageradamente de peso. Algo raro estaba sucediendo y el médico, preocupado, la envió al hospital Sótero del Río, viejo edificio ubicado en Puente Alto, que atendía a la numerosa población de la zona sur de Santiago. Hospital público que se mantenía en pie sólo por la abnegación de sus funcionarios. La maternidad estaba situada en el tercer piso. Allí había una máquina muy compleja que permitía observar la circulación de la sangre. Los médicos le contaron que la habían conseguido gracias a un proyecto presentado en Alemania. Esos hombres estaban orgullosos. Casi petrificado, Juan Pablo vio cómo la sangre de madre e hija fluían en colores azules y rojos. El veredicto fue uno y lapidario. Era una preclancia. Debía hospitalizarse.&lt;br /&gt;La clínica Santa María se convirtió en la casa de la familia. Juan Pablo pasaba todo el día atento. El balcón del quinto piso fue testigo de los innumerables cigarrillos con los que trataba de aplacar su angustia. Cualquier alza de presión podría significar la muerte de ambas y eso lo atormentaba.&lt;br /&gt;Esa noche se despidió cerca de las diez y se fue al departamento de su suegra que estaba cerca de la clínica. Media hora después sonó el teléfono. Había que sacar rápidamente a Zuzú, quien a esa altura ya tenía nombre y sexo. La presión arterial de la madre había subido peligrosamente. Se requería una cesárea. Juan Pablo llegó justo para hablar con el médico y pasar a la sala donde se preparaba el equipo que participaría en la operación. Era un pequeño living. Había una máquina que expendía café y otra que ofrecía agua helada; saludó a un médico vestido de verde y a una mujer que llevaba la misma indumentaria. Con la sonrisa de siempre, el doctor le entregó un pantalón, una camiseta verde y un gorro. Se cambió de ropa y se quedó con la mascarilla colgada al cuello, volvió a la sala y compartió una conversación superficial sobre los temas más comentados de la jornada&lt;br /&gt;Le estaba sucediendo algo que no comprendía. Le dolían las rodillas. Hasta ese momento no había logrado ver a su mujer  que pronto pasaría al pabellón donde, disfrazado de médico, recibiría a su hija. Los doctores le hicieron bromas. Cuidado con desmayarte... nosotros tenemos que atender a la madre y no nos podemos hacer cargo de ti.  Pasaron a una sala donde se lavaron minuciosamente manos y brazos; las llaves actuaban como palancas que se podían abrir y cerrar con los brazos. Las manos estaban de más. En el pabellón, Juan Pablo se acercó a su mujer, tomó sus manos y la besó con amor. Todo saldrá bien, no te preocupes, le susurró al oído. Ella estaba consciente,  a pesar de que ya empezaba a sentir los efectos de la anestesia. Los médicos se ubicaron frente a frente; a su lado, la arsenalera y una matrona. El anestesista controlaba los aparatos.&lt;br /&gt;Bisturí, pidió el médico y un leve hilillo de sangre se dibujó en el gordo vientre de la madre. Fueron sucesivos cortes y de pronto, saltó la sangre. Se había roto la bolsa que contenía el líquido; un ruido de succión comenzó a escucharse. Sintió que sus piernas se ponían blandas. Aquí está, exclamó el médico llamando al anonadado padre para que le ayudara a recibirla. Salió una pequeña carita con una nariz respingada. Tijera, y el cordón umbilical se cortó, y la pequeña fue envuelta en un paño verde. Juan Pablo la acogió con miedo y luego de mostrársela a la madre, partió con la enfermera para hacerle los exámenes. Medirla, pesarla, tomarla de sus manitos y ella dando pasos como si fuera la bailarina de un mágico ballet en miniatura. Limpiarla. La encontró hermosa, la más bella nunca vista. Moza más fermosa no vio en la frontera como esa vaquera de la finogosa.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/14664654-112207778564279695?l=gastonmunozbriones.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://gastonmunozbriones.blogspot.com/feeds/112207778564279695/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=14664654&amp;postID=112207778564279695&amp;isPopup=true' title='0 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/14664654/posts/default/112207778564279695'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/14664654/posts/default/112207778564279695'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://gastonmunozbriones.blogspot.com/2005/07/el-parto.html' title='El Parto'/><author><name>Gastón Muñoz Briones</name><uri>http://www.blogger.com/profile/10215275193324262238</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='24' height='32' src='http://photos1.blogger.com/blogger/5315/1334/320/P10100032.JPG'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-14664654.post-112207763555237399</id><published>2005-07-22T20:05:00.000-04:00</published><updated>2005-07-22T20:13:55.560-04:00</updated><title type='text'>El Giratorio</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Era parte de un ritual que se cumplía sagradamente, una peregrinación anual, tan sagrada como la devoción de los fieles que se arrastran para saludar a la virgen de Santa Rosa de Pelequén. Antonio siempre llegaba al Giratorio con las mismas inquietudes que le daban vueltas en la cabeza ¿Sería aceptado con sus cuerdas locuras o sería rechazado y criticado por las decisiones que había tomado en su vida? Pero sabía que su amor era más fuerte que sus turbaciones y lograba calmarse.&lt;br /&gt;Se acercaba el fin de año. La fecha lo ponía más sensible. Era un soñador obstinado, que inventaba historias de países maravillosos, donde la vida le entregaba un poco más de felicidad a la gente. Él sabía que en esta cita se encontraría con la realidad que golpea y a veces destruye. Por eso se había preparado para enfrentar lo que viniera.&lt;br /&gt;Apareció entonces la niña mujer. Se saludaron con cariño y se dirigieron hacia el ascensor del edificio; él le cedió el paso como si fuera una dama. Había que subir hasta el noveno piso y desde allí, uno más por la escalera. Llegaron a la montaña de vidrio, desde donde podían ver los techos de los edificios. Al observar los diseños caprichosos, era fácil  inventar historias de amantes o de psicópatas cubiertos con capuchas que asesinaban mujeres entre las cornisas.&lt;br /&gt;Se aproximó un mozo y preguntó si tenían reserva, Antonio dijo con la cabeza un no que se entendió claramente. Por aquí, dijo el mozo y fueron a sentarse a una mesa que tenía vista al cerro San Cristóbal y a las esferas del Teleférico. Ella se ubicó frente al hombre. Había muchas plantas y flores y una baranda sobre la que él apoyó su brazo. Era una barrera natural; más allá, los arreglos florales comenzaban a girar lentamente. Nada era violento, todo se desplazaba con suavidad. Desde allí podían observar uno de los límites del cerro y un fragmento de la Virgen que con sus brazos abiertos cuidaba la ciudad.&lt;br /&gt;Pero nada de lo de afuera tenía importancia. Se estaba cumpliendo el rito que venían realizando hace unos cuantos años. En cada oportunidad, trataban de reconocerse y  ver en qué habían cambiado. No sólo se miraban para advertir si habían engordado, o si él tenía más arrugas que el año anterior, o si esa panza que a ella no le gustaba había crecido. Era un estudio preliminar. Era la observación mutua y silenciosa.&lt;br /&gt;El reconocimiento se interrumpió bruscamente por la intervención del garzón.&lt;br /&gt;Señores ¿han elegido?, preguntó caballerosamente. Él escogió un pisco sour, ella prefirió agua mineral, luego pidieron el plato de fondo y comenzaron a hablar. Él miraba la vida desde una montaña de más de cincuenta años, ella estaba comenzando a vivir. Él pensaba que la niña era hermosa, de una belleza exótica, con sus ojos achinados y su pelo negro algo tieso.&lt;br /&gt;Con el lento girar del edificio, los techos habían cambiado y ahora, con esa suerte extraña que acompañaba a la pareja, no había esmog y podían divisar la cordillera. Aún quedaba nieve en los cerros imponentes. Ella estaba viviendo una etapa complicada, él escuchaba atentamente, como queriendo comprender cuáles eran las motivaciones de la niña mujer. ¿Podría ayudarla? ¿Le comunicaría sus experiencias? ¿Tendrían los oídos de ella algún lugar receptivo para escucharlo? Con un pequeño y delicado movimiento el piso giraba y los techos seguían variando. Ahora miraban hacia el sur. A lo lejos, se advertían las torres del Estadio Nacional, que eran como enormes caza moscas. En el interior surgían nuevas flores y el panorama seguía cambiando. Afuera, las nubes parecían enormes algodones; adentro, dos personas se miraban con amor. &lt;br /&gt;Allí estaban. Él más viejo; ella, más mujer.&lt;br /&gt;Por la vida que viene, por el amor que siento por ti, feliz cumpleaños, hija mía, dijo él  levantando su copa. Ese padre se sintió orgulloso de su hija que comenzaba a dejar la adolescencia y orgulloso de la ceremonia que acababan de protagonizar. Padre e hija unidos en ese momento tan íntimo.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/14664654-112207763555237399?l=gastonmunozbriones.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://gastonmunozbriones.blogspot.com/feeds/112207763555237399/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=14664654&amp;postID=112207763555237399&amp;isPopup=true' title='0 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/14664654/posts/default/112207763555237399'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/14664654/posts/default/112207763555237399'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://gastonmunozbriones.blogspot.com/2005/07/el-giratorio.html' title='El Giratorio'/><author><name>Gastón Muñoz Briones</name><uri>http://www.blogger.com/profile/10215275193324262238</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='24' height='32' src='http://photos1.blogger.com/blogger/5315/1334/320/P10100032.JPG'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-14664654.post-112190784754221704</id><published>2005-07-20T21:03:00.000-04:00</published><updated>2005-07-20T21:09:49.896-04:00</updated><title type='text'>Cita Frustrada</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;La había conocido por casualidad. Fue un día de junio, en casa de su prima. Sofía estaba de cumpleaños y allí estaban sus más antiguas amigas, entre ellas, Alejandra. Tenía treinta años, un hijo, unos ojos negros maravillosos y estaba separada. Él, tímido, bordeaba los cuarenta y tenía un trabajo burocrático que le cansaba el alma. Soñador obstinado, había amado a muchas mujeres que nunca se enteraron de sus sentimientos. Era un introvertido, un lobo solitario. Esa noche estaba contento. Le había llevado a Sofía un perfume francés -con toda seguridad falsificado- que lo llenaba de orgullo.&lt;br /&gt;Mientras preparaban los completos se produjo el encuentro. En la mesa había ensaladas, salsa americana, chucrut, tomate picado en trocitos, mostaza, mayonesa, ketchup, ají, y una bandeja con pan caliente. Todo dispuesto para celebrar. Fue justo en el instante en que quiso aplicar la mayonesa -nunca sale cuando se necesita- cuando el chorro saltó directo a la falda de Alejandra. Sintió vergüenza y espanto. Tomó una servilleta y su pan cayó en el regazo de la mujer. Trató de decir algo, algo parecido a una disculpa, pero se cruzó con esos ojos que lo paralizaron. Su boca se negó a articular palabras hasta que ella rompió el silencio.&lt;br /&gt;-No te preocupes, fue un accidente sin importancia- dijo Alejandra.&lt;br /&gt;Ella, más diestra, limpió la falda sin conseguir borrar la aureola de mayonesa.&lt;br /&gt;El resto de la noche no hizo más que justificarse. Alejandra, más madura, comprendió que estaba ante un solitario triste e intentó que no se complicara con una situación tan banal como una mancha de mayonesa. Conversaron de trivialidades que los fueron aproximando. Ella también estaba sola y tenía miedo de la vida. El destino estaba colocando frente a frente a dos seres que sufrían. Sentados en un rincón del comedor, escucharon la música estridente, rehicieron los completos y con una cerveza en la mano hablaron hasta que ella anunció que debía partir. No le preguntó cuál era su rumbo o si tenía cómo irse. Sólo tenía una pregunta para ella.&lt;br /&gt;-¿Podemos encontrarnos otro día?- se atrevió a decir después de tragar saliva.&lt;br /&gt;Las palabras le sonaron duras y frías en su cabeza, ella lo miró sonriente.&lt;br /&gt;-Me gustaría invitarte a comer mañana- propuso Alejandra.&lt;br /&gt;Esas palabras sonaron como un eco en su cabeza. Comer. Mañana. Atolondradamente anotó la dirección y se despidieron con un beso en la mejilla. Sería hasta las nueve de la noche del día siguiente.&lt;br /&gt;Él trabajaba en la oficina de partes de la municipalidad de Lo Prado. Su día transcurría entre el timbraje de papeles y el registro de los mismos en un enorme libro; era experto en recordar la numeración de los oficios que pasaban por sus manos, y sabía el destino de todos los documentos. Cuántos habían sido enviados a la Intendencia y cuántos al Ministerio del Interior. Cuando le preguntaban dónde se encontraba, por ejemplo, el decreto de adjudicación de la reparación del consultorio, él, sin mirar sus libros, decía de memoria: el día cinco salió de esta secretaría y hoy debe estar en administración y finanzas. Conocía con exactitud los vericuetos de la burocracia.&lt;br /&gt;Ese viernes era el último del mes, el día en que cantaba Gardel. El día de pago. Se sentía ajeno a sus funciones, todo lo hacía mecánicamente. Timbrar, escribir, registrar. Sólo pensaba en los ojos negros de esa mujer delgada, en la invitación a comer, en el destino. La soñaba, la veía hermosa y su cara enrojecía cuando recordaba la mancha de mostaza en la falda. Por la expresión de sus ojos y su boca, cualquiera podía deducir que ese hombre alucinaba.&lt;br /&gt;Los viernes salía una hora más temprano que el resto de la semana Partió inquieto a su cuarto de soltero, arrendado en una vieja casa del sector de la plaza Brasil, se tendió en la cama, descansó y soñó con ella. Durmió hasta las siete, despertó animado y esperó que sonara el pito de la tetera que había comprado en la última liquidación de Almacenes París. Saboreó lentamente su café y encendió el calefón que conocía como a un viejo amigo. Había que dominar la técnica. Se duchó largamente para eliminar muchas fatigas de su cuerpo, al terminar descubrió que afuera llovía intensamente. Si bien en la mañana los pitonisos habían sugerido la posibilidad de lluvia, él no había hecho caso.&lt;br /&gt;Vistió su traje azul, anudó su corbata y cogió el ramo de rosas. Su auto era pequeño, pero lo hacía sentirse poderoso. Era el único que en la oficina de partes no viajaba en micro. El Subarú era amarillo y esa condiciòn representaba un símbolo para él. Aunque se trataba de una canción de los años sesenta, Submarino amarillo lo había impresionado enormemente.&lt;br /&gt;Sus pensamientos estaban puestos en Alejandra. Trataba de recordarla en cada detalle, en cada gesto. Dejó el ramo de rosas en el asiento del copiloto, ajustó su cinturón de seguridad y tomó el camino hacia la calle Nataniel Cox. Ella vivía en el paradero 31 de la Gran Avenida. Todo marchó bien hasta que inició el trayecto final. Estaba cruzando El Llano Subercaseaux y el hospital Barros Luco cuando un chofer de micro lanzó un chorro de agua sobre su parabrisas. El velo de agua lo dejó ciego por unos segundos, maldijo al chofer, pero continuó su trayecto. No quería llegar atrasado. Pasó la Avenida Departamental y la crecida aumentaba. Mierda, dijo. Esta ciudad está colapsada. Trató de acelerar manteniendo el embriague y logró pasar el paradero 25. Hacia delante veía un río, pero no podía detenerse. Alguien se había fijado en él. Muy cerca, había otro ser humano solo y triste que lo esperaba, pero su pequeño Subarú sucumbió. Desesperadamente, intentó acelerar para devolverle la vida. Imposible. Fue como si un paro cardíaco hubiese tocado el alma de su querida máquina. Allí, en medio de ese río que bajaba por la Gran Avenida, se había ahogado su esperanza. Recordó el titular del diario de la mañana. Después de cuatro años de sequía, tenemos un invierno lluvioso, anunciaba la portada del periódico. A las nueve de&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/14664654-112190784754221704?l=gastonmunozbriones.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://gastonmunozbriones.blogspot.com/feeds/112190784754221704/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=14664654&amp;postID=112190784754221704&amp;isPopup=true' title='2 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/14664654/posts/default/112190784754221704'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/14664654/posts/default/112190784754221704'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://gastonmunozbriones.blogspot.com/2005/07/cita-frustrada.html' title='Cita Frustrada'/><author><name>Gastón Muñoz Briones</name><uri>http://www.blogger.com/profile/10215275193324262238</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='24' height='32' src='http://photos1.blogger.com/blogger/5315/1334/320/P10100032.JPG'/></author><thr:total>2</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-14664654.post-112190764574008671</id><published>2005-07-20T20:59:00.000-04:00</published><updated>2005-07-20T21:10:46.826-04:00</updated><title type='text'>Cita Anual</title><content type='html'>Habían quedado de reunirse en la plaza de San Bernardo a las 14.15. Todo debía ser exacto. Él pasaría por la plaza, frente a la municipalidad y ella, parada en la esquina, subiría al auto justo cuando el semáforo estuviera en rojo. Él llegaría en su auto blanco de marca alemana y se daría el tiempo para detenerse. Habían planificado hasta el último detalle. En su trabajo ella diría que debía visitar a un cliente, que la oficina estaba lejos y que era probable que no volviera. Entonces, como tantas veces lo habían soñado, tendrían la tarde para ellos.&lt;br /&gt;Todo ocurrió como estaba previsto. Ella se ubicó en la esquina de la plaza y esperó que apareciera el volkswagen blanco; llevaba lentes oscuros y una carpeta en la mano. Él dobló por la plaza con rumbo al sur. Se desplazó lentamente hasta que la luz roja lo obligó a detenerse y ella, con su paso de princesa, abrió la puerta, subió y besó con ternura la mejilla de ese hombre que conducía con absoluta concentración.&lt;br /&gt;Empezaron a hablar mientras él puso proa al sur. Estás hermosa, dijo al mirarla de reojo. El vestido blanco con tirantes le sentaba muy bien en su piel aceitunada; los tirantes eran tan delgados que parecía que en cualquier momento se iban a cortar. Ella estiró su mano, tocó sus rodillas, y él sintió, como siempre, un pequeño escalofrío. Era su debilidad y ella lo sabía.&lt;br /&gt;Ingresaron a la carretera y entre camiones cargados y autos que parecían llevar prisa fueron avanzando hasta que allá, a la distancia, apareció el techo semejante a una pirámide. Para él esa construcción significaba traspasar el mundo; sabía que ahí dentro serían sólo ella y él. Había esperado tanto ese momento; la había soñado desnuda, rendida a sus deseos, quería acariciarla, apretarla y recorrerla con el deseo por tanto tiempo guardado.&lt;br /&gt;Cruzaron el pórtico y transitaron por el camino circular donde se ubicaban las cabañas apretujadas. Cada una estaba marcada con un número y una luz, si la luz era roja indicaba que ya estaban ocupadas por los amantes circunstanciales. Siguieron rodando hasta que por fin, señalizada con luz verde, apareció la 17. Dobló raudamente, se estacionó, puso el freno de mano, y al cerrar el portón término con las miradas curiosas que buscarían memorizar la patente de su auto.&lt;br /&gt;Ella lo esperaba a la entrada de la cabaña. Un beso selló ese momento, él abrió la puerta y una música inundó el lugar. La atrapó y la besó hasta que el sonido de un citófono rompió la complicidad.&lt;br /&gt;-Buenas tardes, el motel Pirámide les da la bienvenida y les ofrece la atención de la casa.&lt;br /&gt;Dos combinados o media botella de champagne, cualquier cosa que necesite marque el 70 y con gusto lo atenderemos- anunció de corrido la voz de una mujer.&lt;br /&gt;Él pidió una botella de champagne. No sabía por qué, pero le gustaba beberla. Volvió donde su amada y comenzó a desprenderle pausadamente su delicado vestido blanco; no usaba nada para sostener sus pechos que aparecieron hermosos, redondos. Sabía que esa imagen lo perdía. Ayudado por ella comenzó a desabotonarse la camisa, luego los pantalones y en eso estaban cuando escucharon un ruido. Casi desnudo, fue hasta la pequeña ventana de madera y encontró una bandeja con la champagne, una bolsa de ramitas que nunca le habían agradado, y una bolsa de maní salado, además venía el control remoto por si había tiempo de ver televisión. La pieza tenía una cama de dos plazas, una serie de luces y un panel con distintos botones que se encendió cuando él intentó bajar la intensidad de la luz. La cabaña tenía una tina separada por un vidrio que permitía ver lo que ocurría en ese sector; los cuadros que la decoraban eran de bastante mal gusto, pero pretendían alegrar el lugar.&lt;br /&gt;Terminó de desnudarla y comenzaron a vivir su pasión largamente contenida. Se reconocieron, se recorrieron y se besaron como si les faltara tiempo para amarse. Besó a su amada hasta sentir que su sexo estaba mojado. Fueron felices. Él preparó el yacuzzi y cuando el agua le pareció suficientemente caliente, la llamó y la esperó para darse el placer de apretarla contra su pecho y acariciar su cuerpo con la espuma de las sales que había vaciado. Estuvieron en el yacuzzi hasta que les ganó el sueño. Se secaron mutuamente con las toallas que habían sacado de las bolsas plásticas, donde ella también había encontrado una gorra para no mojarse el pelo. La taza del baño estaba bloqueada por una cinta que indicaba que el sitio estaba sanitizado. Era una manera de publicitar la higiene del motel.&lt;br /&gt;Durmieron hasta que él pensó que había llegado el momento de partir La fue besando suavemente en la espalda hasta que ella comenzó a desperezarse como una gata; él acarició su cuerpo hermoso y sus manos se deslizaron por esa piel que adoraba y que lo hacía soñar. Se vistieron, subieron al auto y llegaron hasta un portón con un signo pare; se detuvieron unos minutos, tiempo durante el cual la mucama revisaba la cabaña para verificar que nada había partido como recuerdo de esa tarde de amor. El portón automático se abrió y saliron a la carretera.&lt;br /&gt;Con un beso se despidieron cerca de la plaza donde la había recogido. Él tomó rumbo a su departamento ubicado en la Gran Avenida, cerca del Llano Subercaseaux. Estaba cansado. Se sacó la chaqueta y se tumbó en la cama. Cuánto tiempo pasó, no lo supo, sólo sintió que la puerta se abría y que entraba su mujer. La miró con una sonrisa.&lt;br /&gt;-Hola mi amor, cómo te fue hoy- saludó él.&lt;br /&gt;-Muy bien, aunque ha sido un día agotador- respondió ella.&lt;br /&gt;La mujer se tendió junto a él y le acarició el pelo. Nada hacía pensar que sólo en la tarde habían sido amantes que cumplían con su cita anual.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/14664654-112190764574008671?l=gastonmunozbriones.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://gastonmunozbriones.blogspot.com/feeds/112190764574008671/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=14664654&amp;postID=112190764574008671&amp;isPopup=true' title='2 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/14664654/posts/default/112190764574008671'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/14664654/posts/default/112190764574008671'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://gastonmunozbriones.blogspot.com/2005/07/cita-anual_20.html' title='Cita Anual'/><author><name>Gastón Muñoz Briones</name><uri>http://www.blogger.com/profile/10215275193324262238</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='24' height='32' src='http://photos1.blogger.com/blogger/5315/1334/320/P10100032.JPG'/></author><thr:total>2</thr:total></entry></feed>
